Hoy es jueves, «𝐞𝐥 𝐜𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨 𝐥𝐨 𝐬𝐚𝐛𝐞», 𝐞𝐥 𝐝𝐢́𝐚 𝐝𝐞𝐥 #𝐓𝐁𝐓. Encontrarme con el recuerdo en tantas aristas del tiempo. Es que el tiempo es ese tejedor incansable de memorias y emociones…
Hay fotografías que no solo capturan un rostro, sino que atrapan una época entera de la vida. En este jueves de #TBT, la imagen de la pequeña Rocío nos devuelve a las vísperas del Carnaval 2025 en la Unidad Educativa San José. Allí, bajo el sol suave de la mañana, una «R» gigante y dorada adorna un sombrero (Gorro Loco), mientras corona el orgullo de una niña que sabe que ha creado algo extraordinario… Aquí vamos de nuevo:
Crónica de un Jueves de Locura y Color
Todo comenzó semanas atrás, cuando la maestra, con esa chispa que solo tienen los educadores que aman su oficio, lanzó el desafío: el «Día del Gorro Loco». Estoy convencido de que no se trataba de una tarea más, sino de un proyecto de identidad. En el salón de clases, el aire se llenó de un bullicio distinto. Entre pupitres convertidos en talleres de arte, los niños y niñas de la U.E. San José (allí estudié mi primaria…) transformaron cartones, retazos de tela y mucha purpurina en extensiones de su propia imaginación. Rocío, con su mirada atenta, eligió el púrpura vibrante y esa «R» que la define, pues cada niño es el protagonista de su propia historia.
Gracias, Gilda, por pasarme la imagen y a Angélica, mamá de Rocío, por permitirme publicarla.
El momento cumbre ocurrió en el patio central de la escuela. Imagino la escena: un mar de colores moviéndose al ritmo de risas infantiles. Hubiese sido una postal épica —como bien le comentaste a Gilda— ver a todo el grupo unido, una constelación de sombreros disparatados bajo el cielo escolar. Pero incluso en la individualidad de la foto de Rocío, se adivina esa energía colectiva, ¿cierto? Es el triunfo de lo lúdico sobre lo cotidiano.
Al sonar el timbre de salida, la aventura no terminó. Los niños cruzaron el umbral del colegio convertidos en embajadores de la alegría. Imagino ver a Rocío caminar hacia casa, luciendo su gorro con la frente en alto; es ver la esencia de la sana celebración. Por las calles —me cuenta Gilda—, los vecinos sonreían al ver pasar esos monumentos de cartón y pegamento; era un desfile improvisado donde el premio no era una medalla, sino la satisfacción del trabajo hecho con las manos y el corazón.
Esta foto que Gilda me comparte es más que un recuerdo; es un testimonio de humanidad. Me recuerda que, en un mundo a veces gris, siempre habrá una maestra planificando sueños, una escuela como la San José abriendo sus puertas al juego y una niña llamada Rocío lista para conquistar el mundo, un paso y un «gorro loco» a la vez.
Si quieres participar, me parece que aún estás a tiempo, tienes hasta las 11:59 pm de HOY JUEVES, así que apúrate y recuerda cumplir las reglas.
ℂ𝕠𝕟𝕔𝕦𝕣𝕤𝕠 𝕕𝕖 𝕋𝔹𝕋 - 𝕌𝕟 𝕕𝕚́𝕒 𝕕𝕖 𝕖𝕤𝕠𝕤.
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