Hoy es jueves, «𝐞𝐥 𝐜𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨 𝐥𝐨 𝐬𝐚𝐛𝐞», 𝐞𝐥 𝐝𝐢́𝐚 𝐝𝐞𝐥 #𝐓𝐁𝐓. Casi se me escapa el jueves sin cumplir con el ritual del #TBT, pero el corazón tiene su propia memoria y hoy me reclamó un espacio para volver a mirar estas fotografías.
La pantalla me devuelve el rostro de Zoe, una pequeña de casi ocho años que habita en La Dolorita, Caracas. Pero Zoe no es solo una niña en una foto; es el epicentro de una constelación familiar marcada por la ausencia temprana de su madre y la presencia rotunda de un matriarcado que la sostiene. A través de las videollamadas con su abuela Arelis, se filtra la esencia de una niña que pertenece a la Generación Alfa; esa cohorte nacida en plena era digital, caracterizada por una madurez intuitiva, una hipersensibilidad al entorno y una capacidad de cuestionar la autoridad que dejaría atónitos a sus bisabuelos.
El Silencio de la Generación Alfa
En la primera imagen, el "durante", vemos el primer plano de su rostro. Es el momento del regaño. Sus ojos, oscuros y profundos, no muestran llanto, sino una suerte de resistencia digna. Lleva una camiseta azul con el mensaje "You were", como un eco irónico de lo que fue ese momento de tensión. Aquí, Zoe está procesando la corrección de su abuela Arelis. En esta fase, la niña Alfa no solo escucha palabras; analiza el tono, la justicia de la reprimenda y la jerarquía de quien le habla. A falta de su madre, que partió cuando ella apenas tenía tres años, Zoe ha construido su identidad bajo el cuidado de su padre, su abuela y su bisabuela, en una casa donde los afectos son tan sólidos como los muros de la barriada, pero donde la ausencia materna late en el fondo de cada gesto.
Gracias a Arelis Pernía por permitirme las fotos para este #TBT.
La segunda imagen nos muestra el "después". El escenario cambia al exterior, junto a un vehículo plateado bajo el sol caraqueño. Zoe aparece de pie, flanqueada por dos perros que parecen custodiar su melancolía. Su postura es rígida, sus brazos caen pesados. Aquí ocurre el nudo de mi crónica, el rechazo a la comida ofrecida por la bisabuela. ¿Por qué una niña de siete años desprecia el alimento, ese símbolo universal de amor en los hogares venezolanos?
Desde la motivación psicológica, la actitud de Zoe tras el regaño no es simple "mala crianza" o el capricho de una niña mimada. Para un niño que ha perdido a su figura de apego principal (su madre) a una edad tan temprana, el control se convierte en un mecanismo de defensa. El regaño de la abuela fractura su sentido de seguridad momentáneamente. Al rechazar la comida de la bisabuela, Zoe ejerce el único poder real que siente que tiene, el poder sobre su propio cuerpo. Es una "huelga de hambre emocional". Es su manera de decir: "no pueden controlar mis sentimientos, así que no controlarán lo que entra en mí".
Zoe no es mimada en el sentido tradicional; es una niña que navega un mundo complejo con las herramientas de su generación. Es una estratega del afecto. Su silencio frente al plato es un grito que pide ser validada, no solo corregida. En los hilos de esta historia se cruzan los lazos de compadrazgo que me unen a ella, ya que el abuelo que fue mi padrino de bautizo y esa tía que la ciencia no pudo salvar. Zoe es el renacimiento de esa estirpe, una pequeña alfa que, entre perros y paredes amarillas, está aprendiendo que el amor también tiene momentos de distancia, y que ser valiente a veces significa sostener la mirada, aunque el corazón prefiera un abrazo.
Si quieres participar, me parece que aún estás a tiempo, tienes hasta las 11:59 pm de HOY JUEVES, así que apúrate y recuerda cumplir las reglas.
ℂ𝕠𝕟𝕔𝕦𝕣𝕤𝕠 𝕕𝕖 𝕋𝔹𝕋 - 𝕌𝕟 𝕕𝕚́𝕒 𝕕𝕖 𝕖𝕤𝕠𝕤.
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