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Observo la fotografía que nos comparte y, de inmediato, un frío que no es el de las neveras del supermercado me recorre el cuerpo. En la imagen, los estantes están pulcramente ordenados: bandejas de carne molida en la parte inferior, cortes para guisar en el medio y una variedad de embutidos —chorizos, chistorras y salchichas— coronando la parte superior. Pero el detalle que detiene el aliento no es la frescura de la carne, sino esas pequeñas etiquetas blancas: "REF: 4.29", "REF: 6.16", "REF: 9.17".
El Espejismo del Dólar
Ese acrónimo, "REF", es el eufemismo moderno de la rendición económica en Venezuela. Hace referencia al dólar americano, una moneda que no es la nuestra, pero que se ha instalado en el corazón de nuestras transacciones cotidianas como un huésped que terminó adueñándose de la casa. Recuerdo, con una nostalgia que duele, los días en que el mostrador exhibía precios en bolívares (Bs.). No era solo una cuestión de símbolos; era una época en la que el salario mínimo no era una cifra de ficción, sino un motor que permitía llenar el carrito y, como bien dices, todavía dejaba espacio para ese "gustico" extra: el queso de marca, el dulce importado o el corte de carne premium para el domingo.
Imagen de la iniciativa, propiedad de @lanzjoseg.
Hoy, la comparación con el exterior vuelve el panorama aún más surrealista. Desde Ontario, Canadá, las cifras en los estantes podrían parecer similares superficialmente, pero el contexto las separa por un abismo. En un supermercado de Ontario, un paquete de salchichas de buena calidad puede rondar los 6 o 7 dólares canadienses, y un kilo de carne molida puede costar entre 12 y 15 dólares. La diferencia radical no está en el número, sino en el poder adquisitivo. Mientras un trabajador en Ontario gana un salario mínimo que ronda los 16.55 dólares por hora, permitiéndole comprar ese paquete de "REF: 6.16" con menos de media hora de trabajo, un venezolano promedio necesita semanas o meses de labor extenuante para adquirir la misma bandeja de plástico y papel film.
Pero el absurdo alcanza su clímax cuando hablamos del "oro negro". Mi hermano Henry me confirma una realidad distópica en Caracas: el litro de gasolina "premium" se vende a un dólar. Es una ironía cruel que en un país sentado sobre las mayores reservas petroleras del mundo, el combustible sea más costoso que en muchas ciudades de Estados Unidos o de Canadá, donde el galón (3.8 litros) puede oscilar entre 1 y 1.5. Venezuela el país productor que castiga a su gente con precios de importación de lujo.
Ver esta imagen es contemplar un espejismo de abundancia. Los anaqueles están llenos, sí, pero los precios "REF" son muros invisibles que separan a la mayoría de la nutrición básica. La crónica de hoy no es de escasez de productos, sino de escasez de justicia económica, donde el dólar manda en los estantes, pero el bolívar —y el esfuerzo del trabajador— languidece en el olvido. Bendiciones Venezuela, a la espera de que las cosas mejoren allá.
Bienvenidos todos a esta, mi participación de la semana en el TopFiveFamily. Si es de tu agrado participar, aún estás a tiempo. Este es el enlace Observa⇾Piensa⇉Escribe. Recuerda cumplir las reglas…
Portada de la iniciativa.
Dedicado a todos aquellos escribas que contribuyen, día a día, a hacer de nuestro planeta, un mundo mejor
I look at the photograph shared by and, immediately, a chill that is not that of the supermarket fridges runs through my body. In the image, the shelves are neatly arranged: trays of minced meat at the bottom, cuts for stewing in the middle and a variety of sausages —chorizos, chistorras and sausages— crowning the top. But the detail that takes your breath away is not the freshness of the meat, but those small white labels: ‘REF: 4.29’, ‘REF: 6.16’, ‘REF: 9.17’.
The Illusion of the Dollar
That acronym, ‘REF’, is the modern euphemism for economic surrender in Venezuela. It refers to the US dollar, a currency that is not our own, but which has taken root at the heart of our daily transactions like a guest who ended up taking over the house. I remember, with a nostalgia that hurts, the days when the counter displayed prices in bolivars (Bs.). It wasn’t just a matter of symbols; it was a time when the minimum wage wasn’t a fictional figure, but a driving force that allowed you to fill your trolley and, as you rightly say, still left room for that little extra treat: the branded cheese, the imported sweet or the premium cut of meat for Sunday.
Image of the initiative, courtesy of @lanzjoseg.
Today, comparing prices with those abroad makes the picture seem even more surreal. From Ontario, Canada, the prices on the shelves might appear similar at first glance, but the context sets them apart by a world of difference. In an Ontario supermarket, a packet of good-quality sausages might cost around 6 or 7 Canadian dollars, and a kilo of minced beef can cost between 12 and 15 dollars. The radical difference lies not in the figures, but in purchasing power. Whilst a worker in Ontario earns a minimum wage of around $16.55 an hour, allowing them to buy that pack of “REF: 6.16” in less than half an hour’s work, an average Venezuelan needs weeks or months of gruelling labour to acquire the same plastic tray and cling film.
But the absurdity reaches its climax when we talk about ‘black gold’. My brother Henry confirms a dystopian reality in Caracas: a litre of ‘premium’ petrol sells for a dollar. It is a cruel irony that in a country sitting on the world’s largest oil reserves, fuel is more expensive than in many cities in the United States or Canada, where a gallon (3.8 litres) can range from $1 to $1.50. Venezuela, the oil-producing nation that punishes its people with luxury import prices.
Looking at this image is like gazing upon a mirage of abundance. The shelves are full, yes, but the ‘REF’ prices are invisible walls that cut the majority of people off from basic nutrition. Today’s report is not about a shortage of goods, but a shortage of economic justice, where the dollar reigns supreme on the shelves, whilst the bolívar — and the worker’s efforts — languish in oblivion. Blessings to Venezuela, in the hope that things will improve there.
Welcome everyone to my entry for this week's TopFiveFamily. If you'd like to participate, there's still time. Here's the link: Observe⇾Think⇉Write. Remember to follow the rules…
Cover of the initiative.