𝐇𝐨𝐲 𝐞𝐬 𝐣𝐮𝐞𝐯𝐞𝐬, «𝐞𝐥 𝐜𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨 𝐥𝐨 𝐬𝐚𝐛𝐞», 𝐞𝐥 𝐝𝐢́𝐚 𝐝𝐞𝐥 #𝐓𝐁𝐓. 𝗘𝗻𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝗹 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝘁𝗮𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗮𝗿𝗶𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼. 𝗘𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼 𝗲𝘀 𝗲𝘀𝗲 𝘁𝗲𝗷𝗲𝗱𝗼𝗿 𝗶𝗻𝗰𝗮𝗻𝘀𝗮𝗯𝗹𝗲 𝗱𝗲 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮𝘀 𝘆 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀. 𝗔𝗾𝘂𝛊́ 𝘃𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗼:
La magia de descubrir nuestras raíces
La foto captura un instante perfecto de complicidad entre hermanas: Liz y Luz. A la izquierda, Liz, con su suéter fucsia de patrones florales, tiene esa mirada analítica de hermana mayor, tratando de entender cada detalle; a la derecha, la pequeña Luz, con su cintillo plateado y su abrigo rojizo, se empina curiosa, imitando a su hermana y dejándose llevar por el asombro. Pero ¿qué es lo que roba su atención con tanto magnetismo a través del vidrio?
Era la temporada de las Misas de Aguinaldo de 2022. Afuera, la calle había dejado de ser asfalto para convertirse en fiesta. Un grupo de parranda de la Escuela San José, de esas que surgen entre vecinos y amigos, se había detenido justo frente al edificio.
Gracias Gilda, por pasarme la bella foto y sus recuerdos…
Recuerdo que minutos antes las niñas jugaban en la sala con Matthew en su primera visita a Venezuela —testigo de ello es ese globo de hongo rojo que se asoma tímidamente en la parte inferior de la foto—. Sin embargo, el retumbar grave del furruco y el repique frenético de la tambora interrumpieron sus juegos. No hubo necesidad de llamarlas; el ritmo que llevamos los venezolanos en la sangre las atrajo como un imán hacia la ventana —pero ¿dónde está Matthew, que para entonces contaba con 6 años?, pues en ese momento no sé, porque la foto la tomó mi sobrina Gilda—.
Dentro de la casa se sentía el calor de hogar (quizás mamá preparaba café o se colaba el olor de algún guiso de hallaca), pero ellas querían ver el origen de la algarabía. Al pegarse al cristal, sintieron el frío del vidrio en sus manitas y mejillas. Afuera, los cantantes, con sus cuatro y maracas, entonaban “Fuego al cañón, fuego al cañón…”, mientras algunos vecinos aplaudían y otros sacaban sus manos para saludar.
Detrás de Liz, el casco de moto sobre la repisa nos recuerda la realidad cotidiana de la ciudad, el ir y venir de mi hermano Henry, el ajetreo diario de Caracas; pero en ese preciso segundo, el tiempo se detuvo. No existían el tráfico ni las prisas. La Navidad no es solo regalos, sino música, unión y una parranda cantando a todo pulmón en la vereda.
Si quieres participar, me parece que aún estás a tiempo, tienes hasta las 11:59 pm de HOY JUEVES, así que apúrate y recuerda cumplir las reglas.
ℂ𝕠𝕟𝕔𝕦𝕣𝕤𝕠 𝕕𝕖 𝕋𝔹𝕋 - 𝕌𝕟 𝕕𝕚́𝕒 𝕕𝕖 𝕖𝕤𝕠𝕤.
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