𝐇𝐨𝐲 𝐞𝐬 𝐣𝐮𝐞𝐯𝐞𝐬, «𝐞𝐥 𝐜𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨 𝐥𝐨 𝐬𝐚𝐛𝐞», 𝐞𝐥 𝐝𝐢́𝐚 𝐝𝐞𝐥 #𝐓𝐁𝐓. 𝗘𝗻𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝗹 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝘁𝗮𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗮𝗿𝗶𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼. 𝗘𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼 𝗲𝘀 𝗲𝘀𝗲 𝘁𝗲𝗷𝗲𝗱𝗼𝗿 𝗶𝗻𝗰𝗮𝗻𝘀𝗮𝗯𝗹𝗲 𝗱𝗲 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮𝘀 𝘆 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀. 𝗔𝗾𝘂𝛊́ 𝘃𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗼:
Sendero Blanco
Hay silencios que no están vacíos, sino que vienen cargaditos de historias. Hoy, en este jueves de #TBT, me puse a ver fotos y me teletransporté a ese sendero que parece sacado de un cuento de hadas nórdico. ¡Na’guará!, parece mentira que ya pasaron cuatro años de ese día.
Recuerdo clarito el frío que pela (no el “pacheco”) pinchándome los cachetes. El aliento se nos volvía puras nubes de cristal en el aire. Ahí iba yo, bien abrigado con mi toque (gorro de lana de invierno), caminando al lado de la mamá de Matthew. Disfrutando cada segundo con un propósito real. Detrás de nosotros y quien toma la foto, el Sr. O´Brain quien gentilmente se alejó de nosotros para darnos algo de privacidad y capturar el momento.
En aquel entonces, mi hijo Matthew apenas tenía cinco años. Era un pequeño torbellino de energía, se quedó en casa de la abuela materna, ajeno a la introspección tan profunda que ese paisaje nos regalaba. Caminar por ahí fue una lección de humildad frente a la naturaleza. La nieve lo cubría todo con una elegancia única, silenciando el bullicio del mundo y dejándonos solo el sonido rítmico de nuestras botas hundiéndose en la escarcha. ¡Ese sonido es una beauty! (término canadiense para algo excelente o hermoso).
Lo que más me vuela la cabeza de este lugar es cómo cambia, su metamorfosis. Mientras caminábamos, no podía dejar de pensar en cómo ese mismo camino, meses atrás, era un estallido de colores. En primavera, los verdes son muy intensos, de esos que hasta duelen a la vista, con flores silvestres pintando la cerca de madera. Pero ese día, el invierno decidió desnudarlo todo para enseñarnos la esencia de la calma. Sin distracciones, solo blanco puro y buena compañía.
Esa caminata me dejó el corazón calientito, a pesar de que las manos se me quedaran tiesas por el clima. Mirar hacia adelante y ver cómo el camino se perdía entre los pinos me hizo reflexionar sobre lo rápido que pasa todo: Matthew ya no es ese niño pequeño y las estaciones han seguido su curso, pero esa paz se me quedó tatuada en el alma.
Hoy comparto esto para honrar la tranquilidad que uno encuentra cuando decide caminar junto a otros, sin importar qué tan gélido sea el entorno. Porque, al final del día, los inviernos de la vida son mucho más dulces si tienes a alguien especial para echar el cuento y compartir el camino. ☕🇨🇦🇻🇪
¡Feliz jueves de ɾecueɾdos helɑdos, peɾo con cɑloɾ venezolɑno!
P.D. : un abrazo lleno de bendiciones por precisamente hoy cumplir OCHO años en HIVE.👍
Si quieres participar, me parece que aún estás a tiempo, tienes hasta las 11:59 pm de HOY JUEVES, así que apúrate y recuerda cumplir las reglas.
ℂ𝕠𝕟𝕔𝕦𝕣𝕤𝕠 𝕕𝕖 𝕋𝔹𝕋 - 𝕌𝕟 𝕕𝕚́𝕒 𝕕𝕖 𝕖𝕤𝕠𝕤.
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Portada de la iniciativa.
A ver si se animan, las amigas
y
, y el amigo
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