𝐇𝐨𝐲 𝐞𝐬 𝐣𝐮𝐞𝐯𝐞𝐬, «𝐞𝐥 𝐜𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨 𝐥𝐨 𝐬𝐚𝐛𝐞», 𝐞𝐥 𝐝𝐢́𝐚 𝐝𝐞𝐥 #𝐓𝐁𝐓. 𝗘𝗻𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝗹 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝘁𝗮𝗻𝘁𝗮𝘀 𝗮𝗿𝗶𝘀𝘁𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼. 𝗘𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝗹 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼 𝗲𝘀 𝗲𝘀𝗲 𝘁𝗲𝗷𝗲𝗱𝗼𝗿 𝗶𝗻𝗰𝗮𝗻𝘀𝗮𝗯𝗹𝗲 𝗱𝗲 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮𝘀 𝘆 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀. 𝗔𝗾𝘂𝛊́ 𝘃𝗮𝗺𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗼:
La grieta que guarda el fuego
Miren bien esa raya que atraviesa la foto. No es solo un doblez; es una cicatriz en el papel que parece separar dos mundos, pero que en verdad los amarra. Es la marca del trajín, de haber pasado por mil cajas de mudanza y álbumes pesadísimos antes de llegar a este jueves de TBT. Esta imagen viene de finales de los 70, y esa textura granulada no es un error, es la huella de una felicidad que no necesitaba ni un filtro de Instagram para brillar con luz propia.
En aquel entonces, la Navidad no te llegaba por una notificación en el celular ni por el brillo azulado de una pantalla que te encandila. Lo único que nos hipnotizaba era el parpadeo de las luces de colores del arbolito y el olor de las hallacas en la cocina. No había un gentío pendiente de tomarle fotos al plato antes de probarlo, ni esa urgencia de andar “compartiendo” todo con extraños para que te dieran un like. El momento se vivía ahí mismo, entre esas cuatro paredes, echando cuentos, con el calorcito humano que se siente cuando la familia se mira a los ojos sin ningún aparato de por medio.
Los valores de esa época eran como hilos invisibles pero bien resistentes. Teníamos la paciencia para esperar los estrenos del 24, el respeto sagrado por los abuelos que mandaban en la mesa y esa unión que era el centro de gravedad de la casa. En esa sala, el tiempo no corría; caminaba despacito. Estar ahí era estar “entero”, con el oído puesto en la risa del primo y las manos listas para un abrazo apretado.
Ese arbolito que hoy se ve como entre una neblina sepia era nuestro monumento a la ilusión. Cada adornito (la mayoría usados) puesto con cuidado era un deseo compartido. No éramos esclavos de la inmediatez; éramos dueños de nuestro silencio y de nuestro bochinche sano. Que la foto no sea nítida es, irónicamente, lo que la hace perfecta, porque nos obliga a entornar los ojos y a usar la memoria para completar los detalles que el tiempo se quiso llevar.
Hoy, al ver este recuerdo, me da un guayabo sabroso por ese calor de hogar donde la única red social de verdad era la mesa del comedor y el único “muro” era el que estaba lleno de retratos familiares. Este TBT no es solo ganas de echar el tiempo atrás; es un recuerdo de que la verdadera luz de la Navidad siempre ha estado en la sencillez y en ese amor que no necesitaba señal de Wi-Fi para sentirse vibrar en toda la casa.
Si quieres participar, me parece que aún estás a tiempo, tienes hasta las 11:59 pm de HOY JUEVES, así que apúrate y recuerda cumplir las reglas.
ℂ𝕠𝕟𝕔𝕦𝕣𝕤𝕠 𝕕𝕖 𝕋𝔹𝕋 - 𝕌𝕟 𝕕𝕚́𝕒 𝕕𝕖 𝕖𝕤𝕠𝕤.
También pueden revisar las últimas publicaciones en la casa de la Comunidad #TopFamily

Portada de la iniciativa.
A ver si se animan, las amigas
y
, y el amigo
…
