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Un plato de empanadas con guasacaca y malta es el desayuno ideal para muchos que se deleitan con este tipo de comida. Recuerdo que cuando estaba en la escuela, mamá solía darnos todos los días para el desayuno empanadas rellenas de queso blanco, más un medio, moneda que usábamos para comprar la bebida de nuestra preferencia.
Generalmente, escogía refresco de naranja, colita o uva porque en casa siempre había malta, pues a mi hermano menor le fascinaban, tanto así que llego a intoxicarse con esta bebida debido a su alto consumo, después de eso en casa dejaron de comprarla, solo la podíamos en ocasiones.
En la actualidad siento que la malta maltín polar contiene más azúcar que antes, no sé si son ideas mías o tal vez se deba a que ahora consumo menos alimentos azucarados y por eso me parece más dulce. Más no puedo negar que fueron incontables las veces que me deleite comiendo empanadas con una malta bien fría, aunque en mi época no la servían con ningún tipo de salsa, esto se incorporó años después por lo menos así es como lo recuerdo.
No sé de dónde surgió la idea ni quién fue la primera persona en agregarle salsa a las empanadas, pero lo cierto es que se popularizó de tal manera que ya no se concibe comer una empanada sin tener algún aderezo a la mano, pues sin duda le realza su sabor, especialmente a las de carne, caraotas o pescado, porque las de queso según mi opinión no requieren nada de eso, pero bueno entre gusto y colores, todo es posible, además los paladares son tan variados y distintos que resulta absolutamente válido comer de la forma que a uno se le place especialmente unas buenas empanadas.
Este relato es para participar en el concurso Observa Piensa Escribe organizado por .
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