Hola, estimada Comunidad!
Ya estamos finalizando Semana Santa y espero hayan pasado un excelente momento de reflexión, unión familiar y de sano disfrute. Mientras tanto, seguimos por acá compartiendo y reflexionando en nuestro concurso Observa, Piensa y Escribe al cual te invito a participar a través de este enlace:
/@lanzjoseg/concurso-observa-piensa-escribe-96dd9504dcdb1Desde muy niña, al ver el mar, siempre se ha producido dentro de mi una sensación que aún hoy no logro definir. Es una dualidad de pensamientos y sentimientos que a la vez producen emociones distintas, todo al mismo tiempo. Como les decía desde niña solía visitar el mar con mis hermanos y papá, vivíamos a pocos minutos si íbamos a pie. Papá nos enseñó a amar al mar, a sentirlo como una parte importante dentro de la creación de Dios. Cuando estábamos frente a él, después de mis muchos intentos fallidos en la pesca, cantábamos y gritábamos, eso también lo aprendí con papá. Aunque fue algo que entendí con el tiempo, papá solía desestresarse, y regularse, a través del mar.
En los momentos que quedábamos en silencio, yo miraba al mar y surgía una extraña sensación acompañada de un escalofrío que recorría mi cuerpo y sentía mucho miedo y le decía a papá y él solo me decía que estuviera tranquila, que no era miedo, sino, respeto, porque así como se presentaba sereno, él mar también se enfurecía, como los seres humanos y por eso había que tratarlo respetuosamente.
Amo el mar y aprendí a respetar sus fronteras y mis limitaciones, en contacto con él aprendí que, como todo en la vida, siempre habrá momentos de calma, de tranquilidad mental y alegría pero también, al igual que en la vida, habrá momentos en los que toda la indignación, la presión que nos provoca el diario vivir, la desesperación por las cosas que no llegan; provocarán en nosotros malestar y porque no, una rabia incontenible que deberemos dejar salir para no herir.
Necesitamos entender que no todo el tiempo es tiempo de sonrisas, que por más que queramos, la tristeza puede sobrepasarnos y eso está bien, y que cuando notemos eso en el otro, debemos respetar sin juzgar y sin dar consejos que muchas veces no serán bien recibidos. Es preciso entender que no todo es Tormenta pero tampoco todo es Paz; y que cuando estemos en momentos fallidos tenemos que buscar la mejor manera de decantar lo que sentimos para no hacer más daño.