Una verdad absoluta e incuestionable es que mujeres y hombres somos iguales, diferentes y complementarios. Iguales en dignidad, diferentes en lo biológico, psicológico y en lo físico, que se expresa en rasgos y genitales, lo cual nos lleva a ser complementarios, es decir, que nos necesitamos para perfeccionarnos.
Desde esta perspectiva, podemos entendernos, construir en equipo, armas jugadas ganadoras, potenciando una sana y armónica convivencia, eliminando así innecesarias rivalidades. Reconozco que hay una marcada tendencia a feminizar lo masculino y masculinizar lo femenino, que se quiere justificar bajo la bandera de la dignidad, lo cual es una gran mentira, porque la verdadera dignidad es ser quien soy, no copiar a otros.
La narrativa que nos debe alimentar es el de la mutua comprensión, del reconocimiento de diferencias y el de la plena vivencia de nuestra igual dignidad en cuanto a seres. De allí que ese equilibrio, lo debemos entender como armonía, en palabras de Mary Hasson:
“Creo que la armonía es una gran palabra que describe la complementariedad, porque cuando tienes armonía ves las cosas unidas, como un perfecto todo, que es lo opuesto a dos piezas que intentas poner juntas”.
Cuando hablo de armonía lo hago entendiendo que el hombre y la mujer son sexos opuestos, que se combinan, cuya reciprocidad es enriquecedora, que son complementarios a nivel biológico y en lo espiritual, que sus diferentes formas de entender las cosas, de pensar y de sentir generan encuentros enriquecedores que propician el desarrollo de sus talentos.
No somos los hombres y las mujeres rivales. No somos las mujeres y los hombres enemigos. Somos seres que podemos vivir en armonía, construyéndola en el respeto, en la valoración y la aceptación mutua, esa debe ser nuestra narrativa que se hace realidad en la convivencia diaria.
Women and men in harmony
An absolute and unquestionable truth is that women and men are equal, different and complementary. Equal in dignity, different in the biological, psychological and physical, which is expressed in features and genitalia, which leads us to be complementary, that is, we need each other to perfect ourselves.
From this perspective, we can understand each other, build as a team, weapons and winning moves, enhancing a healthy and harmonious coexistence, thus eliminating unnecessary rivalries. I recognize that there is a marked tendency to feminize the masculine and masculinize the feminine, which is justified under the banner of dignity, which is a big lie, because true dignity is to be who I am, not to copy others.
The narrative that should nourish us is that of mutual understanding, of the recognition of differences and of the full experience of our equal dignity as beings. Hence, we should understand this balance as harmony, in the words of Mary Hasson:
"I think harmony is a great word that describes complementarity, because when you have harmony you see things together, as a perfect whole, which is the opposite of two pieces that you try to put together."
When I speak of harmony, I do so with the understanding that men and women are opposite sexes, that they combine, that their reciprocity is enriching, that they are complementary biologically and spiritually, that their different ways of understanding things, of thinking and feeling generate enriching encounters that propitiate the development of their talents.
Men and women are not rivals. We are not enemies, women and men. We are beings that can live in harmony, building it in respect, appreciation and mutual acceptance, that should be our narrative that becomes reality in daily coexistence.
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