Fuente de la imagen, concurso de TopFiveFamily
Buenas noches familia, nuevamente al encuentro con nuestros recuerdos más deliciosos y fríos.
Mi mamá tenía varios moldes para helados de una marca de plásticos muy famosa por lo que no faltaba un helado en la nevera, mi papá era el primero en desmoldarlos cada tarde cuando llegaba cansado y acalorado del trabajo.
Los favoritos de mi madre, eran de tamarindo, mango, la dulce colita, parchita, los hacía con frutas naturales o con las esencias, pero le añadía una sustancia llamada CMC o estabilizante quedaban muy cremosos.
Siempre tomábamos uno como postre después del almuerzo o solo para refrescar el cuerpo en las horas calurosas. En uno de esos viajes vacacionales, fui al estado Mérida en mi recorrido llegue un pueblito muy alegre, me encontré con un negocio de helados de todo tipo de sabores , incluso de frijoles, jamás pensé encontrar helados de garbanzo, caraota negra, caraotas rojas, plátano, maní, toda una novedad, confieso que al principio lo rechace, pero por insistencia de mi amiga y la vendedora de que no me iba a arrepentir y la cantidad de gente que iba y llevaba de los diferentes sabores decidí probarlos.
La vendedora me coloco una cucharada de cada uno de los sabores en una bandejita con un vaso de agua y me dijo muy segura: Este es mi regalo por visitarnos, serás una más de las que recomendara nuestros productos. Sorpresa para mí, me fascino aquella explosión de sabores impensables para un helado, el de caraotas negras fue el que más me gusto, tenía razón, a todo al que le oía decir de viajar a Mérida les recomendaba no dejen de visitar la heladería, oí que en la colonia Tovar también se pueden encontrar pero no los ubique cuando viaje a ese lugar.
Me provocó un helado y con estos calores es apropiado el antojo.