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Y la imagen de hoy es...
Hace mucho mucho tiempo, una niña y su madre cruzaron fueron a una juguetería local en la ciudad de Maracay. En las vitrinas, peluches tejidos en hilos suaves se vendían con un 20% de descuento. Los ojos se posaron en un oso de peluche: Un pequeño oso polar abrazable. Con un susurro, la niña se acerco a su madre y le dijo:
“Mamá, ¿puedo llevármelo?”
Pero la respuesta fue un NO
En ese instante, la tristeza la inundo, bajo el destello opaco de la negación, Se hizo un juramento. La niña se hizo la promesa.
“Cuando sea grande, compraré todos los peluches que quiera”
Y así se determino en convertirse en quien quería ser, su capricho infantil no disminuyo en su adolescencia, la llama se mantuvo encendida y ardiendo cada día.
Pasaron los años, y la niña creció: Se convirtió en una joven adulta, funcional en el ritmo implacable de la sociedad. Sin embargo, en su corazón tenia muy presente ese pacto secreto. Su niña interior movía los hilos de su ambición.
En algún momento tras conseguir un empleo comenzó a coleccionar peluches, compro cada uno para si misma en nombre de esa promesa infantil. Convirtió su departamento de soltera en un refugio de ternuras, al crecer, cumplió su sueño de la niñez. Cada abrazo que le daba a sus 83 osos de felpa antes de dormir, era su sueño hecho realidad. Una oda a la persistencia de un deseo puro.
Y así, entre cientos de peluches, ella, como dueña de vida, vivió siempre rodeada de tiernos peluches cómodamente, sin importar lo que dijeran los demás de su extraña colección, ella estaba contenta a su manera.