Bramas. No por agua, sino por la sed espiritual que tienes. Delante de ti está el océano completo de la presencia de Dios, aún así bramas. ¿Insatisfecho? Sí. Lamentablemente sigues insatisfecho espiritualmente y pareciera que la frustración es tu mejor aliada en estas temporadas.
Pero la crisis espiritual nos deja saber cuán llenos estamos de nosotros mismos.
El salmista usó el símil del ciervo. Se comparó con la intensidad que siente el animal por beber agua que le lleva a bramar. Para nosotros los humanos, bramar se traduciría como clamar, rogar. La diferencia está en que el ciervo encuentra el agua y la bebe, porque reconoce que su necesidad solo puede ser saciada por esas corrientes de las aguas.
En cambio, los seres humanos no tenemos la suficiente humildad para reconocer nuestra constante necesidad de Dios.
Es por eso que estamos sentenciados a bramar, clamar, gritar. Y aún así terminar frustrados, estresados, con profundos temores. Si tan solo entendiéramos que la fórmula es autovaciarnos.
No podemos añadir al océano más agua y que esto tenga relevancia.
Por lo tanto, deja de venir a Dios queriendo darle de lo que has conseguido o tienes. No hay tratos con el Soberano, no lo podemos presionar o manipular. Deja que Él sea Dios y sé tú el simple ciervo que:
- Reconoce su sed
- Clama a Dios por saciedad
- Ve en Dios la respuesta.
El proceso para vaciarnos de tanto orgullo y altanería es difícil, pero Dios nos ha otorgado el poder de Su Espíritu Santo. Por lo que podemos venir confiados a Él, y encontraremos esas corrientes de aguas, y seremos saciados de Él y en Él.
Y experimentaremos la respuesta a nuestro clamor, una plenitud incomparable.