Antes que nada y como aviso a los lectores, soy enemigo acérrimo del Marxismo-Comunismo-Populismo-Socialismo. Si eres militante o fanático acéfalo de estos movimientos de izquierda, como mucho respeto te pido que te vayas por donde viniste. Tus argumentos y/o opiniones me importan un bledo.
La historia del día de hoy me toca a nivel personal. Mi papá (irónicamente, socialista) viene enfermo desde hace unos 10 días. Él desde hace aproximadamente 2 años migró de su natal ciudad Maracaibo a la ciudad de Barinas, ciudad que vio nacer al peor engendro que haya podido parir Venezuela: Hugo Chávez.
Mucha gente creería que por ser la ciudad natal de semejante plata de heces, debería ser la ciudad modelo de Venezuela, la más segura, limpia y dotada. Pero no. Es un pueblo fantasma donde sus habitantes sufren las embates de la gran mayoría de las ciudades de Venezuela: racionamientos de luz, agua y gas y desde hace poco, escasez de gasolina.
Anoche mi papá se empezó a sentir peor: dolor en el pecho y una tos no lo dejaba tranquilo. Ya venía con tratamiento para una bronquitis desde el lunes y este nuevo síntoma nos traía preocupado. Corriendo lo montaron en el auto y se lo llevaron al hospital público. Al llegar no había ni jeringas para suministrarle el medicamento para el dolor. Tampoco había electrocardiograma para realizarle el estudio y descartar un posible infarto. Mucho menos existía un médico especialista en cardiología.
Lo mandaron a casa y les recomendaron ir al especialista privado al siguiente día. Mi papá pasó toda la noche con dolor. Gracias a Dios pudo aguantar toda la noche y hoy temprano en la mañana lo pudieron llevar al cardiólogo. El diagnóstico: un segundo infarto. De inmediato le mandaron a hacer una serie de estudios y exámenes (todos pagos y en dólares).
El médico recomendó internarlo en una clínica o en su defecto en el mismo hospital público que habían visitado anoche. Una enfermera le recomendó que era preferible comprar los medicamentos y atenderlo en su casa con una enfermera. Eso es mucho mejor que dejarlo internado en ese hospital donde lo llevarían a una muerte segura por mengua y/o por contaminación.
Y en esa condición tan delicada se encuentra mi papá, con un infarto a cuestas y atendiéndose en casa porque ir al hospital es una muerte segura. De nada valió haber votado por Chávez, Maduro y todos los demás títeres de la Narcodictadura. De nada valió defender una ideología que hasta lo enfrentó con la familia y mucho menos valió la pena preferir pasar sus últimos años de vida en esas condiciones por unos políticos que resultaron ser el peor daño que se le puede hacer a una población entera.