Un paseo invernal por el viejo camino que une, todavía, Daimiel y Manzanares. Los campos se extienden bajo un cielo vasto y cambiante. Se suceden casillas y olivares, plantíos y barbechos. A un lado, terrenos dormidos de trigo y cebada latente que aguardan a la primavera; al otro, hileras de vides desnudas acompañan la vereda. Un viejo camino que hollaron, antaño, jornaleros y arrieros, de esos que iban de venta en venta, de pueblo en pueblo. Y que ahora se ofrece al caminante para un paseo solitario y sereno.

