Estamos hoy en el centenario del nacimiento del gran maestro venezolano y universal de la guitarra, Alirio Díaz, efeméride que merece la pena ser destacada para la música y el arte en general, y especialmente para la cultura venezolana. Nació el 12 de noviembre de 1923 en Carora, población del Estado Lara, entidad geográfica venezolana que ha sido muy valiosa para la música.
Por medio de este modesto post, no siendo músico, pero sí un interesado y educado apreciador de ese arte, quiero recordarlo y rendirle un sencillo homenaje.
Inició sus estudios y práctica musical desde muy temprano, confrontando la vida en diferentes oficios para subsistir. En Caracas llegó a ser discípulo de figuras capitales en el acervo musical venezolano como Juan Bautista Plaza, Vicente Emilio Sojo, Raúl Borges y Pedro Elías Gutiérrez. Luego, en sus viajes de formación artística profesional se relacionó directamente con cultivadores eximios de la guitarra española como Joaquín Rodrigo, Narciso Yepes y Andrés Segovia.
Alirio Díaz consiguió un enorme éxito como guitarrista a nivel internacional en innumerables giras, conciertos y grabaciones, y se le considera un intérprete relevante de piezas de autores clásicos universales, como Johann Sebastian Bach. Pero nunca dejó de interesarse en la música venezolana académica o popular, llegando a hacer interpretaciones, con carácter personal, de músicos venezolanos como Antonio Lauro y Rodrigo Riera, o versiones de composiciones de la tradición popular, como aguinaldos y canciones infantiles.
Antes de pasar a compartir con ustedes algunos de sus trabajos grabados digitalmente, que hoy podemos conservar, quisiera agregar dos datos de mi experiencia. Tuve la oportunidad feliz de escucharlo una o dos veces en mi ciudad, Cumaná; una en el auditorio del Núcleo de Sucre de la Universidad de Oriente (destruido por la canalla, y sigue doliendo como herida abierta), y recuerdo que la ovación fue casi interminable. Contaba un amigo, entonces promotor cultural de mi universidad, que esa vez lo llevó a desayunar al mercado de la ciudad, y luego de comer, Alirio Díaz sacó su guitarra y se puso a tocar alguna pieza. La señora del puesto popular le soltó, en un cumanés muy rajao: “Muchacho, canta… Tan bonito que toca, y no canta”.
Espero que lo disfruten, como yo lo he experimentado. Saludos.
Referencia:
https://es.wikipedia.org/wiki/Alirio_D%C3%ADaz
Gracias por su atención.
