Debe ser nuestro pulmón pero se encuentra con las venas al aire y me produce tanta lástima como positividad de cara a esta futura primavera donde volverá su piel a cubrir de verde y frutos morados. Este es uno de los rincones favoritos de un lugar muy cercano a casa, lo visito a diario y lo observo, le hablo y sé que me mira con el amor de un padre que envejece a su hija que hará lo posible por cuidarlo y porque tenga una vejez digna y feliz.
La luz del día deja al descubierto sus debilidades a la vez que desprende cierta fortaleza para encontrase tan aislado de su lugar natural en la tierra, no tiene nombre pero con una mirada ya es cómo si fuésemos íntimos, la naturaleza es más interesante de lo que su estática pose desprende .
No soy la única que lo comparte porque nuestro viejo árbol es universal y abraza a cualquier ser vivo que lo necesite, allá duermen las aves que no encuentran un hogar frondoso donde refugiarse del largo invierno y además nuestro mirlo rompe el silencio con sus continuas llamadas a su pareja y hace de mi fotografía algo más hermoso aunque sólo para quien la toma.