No hay nada como sentarse en el Malecón de La Habana y dejar que el viento y el sonido de las olas te limpien la mente.
Yo puedo estar estresada, cargada o sin ganas de nada… pero llego ahí, miro el mar, y todo cambia.
La ciudad sigue con su musica y su vida atrás, pero yo, yo me desconecto. Me quedo mirando el agua, respirando hondo y sintiendo esa paz.
El Malecón tiene algo especial… no sé explicarlo, pero te abraza por dentro.
Si me preguntas, ese es mi lugar favorito del mundo.
¿Y tú? ¿Tienes un rincón así que te devuelva el alma al cuerpo? Cuéntamelo, que me encanta saber de ustedes.