A veces no hace falta más que mojar los pies en el mar para que todo parezca tener sentido otra vez.
Hoy me tomé un respiro. Sentí la brisa, escuché las olas, cerré los ojos y dejé que el agua me limpiara no solo los pies… sino también la mente.
No fue un viaje, ni una gran escapada. Fue un simple momentico para mí, pero de esos que te devuelven el alma al cuerpo.
Porque sí, la vida a veces aprieta… pero qué bendición tener el mar tan cerca.