Paseando cerca de donde vivo me encontré con esta mariposa. Era tan pequeña y estaba tan quieta, rodeada de tantos matorrales que fácilmente pasaba desapercibida. Sobre todo porque sus alas estaban cerradas.
De todos modos, como estaba en un lugar desierto, no había mucha posibilidad de que fuera vista por otras personas
Me acerqué a tomarle una foto aunque el viento no ayudaba. Sumado a eso, aún no domino bien la cámara de este teléfono por lo cual fue complicado enfocarla bien.
Cuando se atrevió a abrir las alas, me di cuenta de que eran más grandes de lo que esperaba. El único defecto que ví era que estaban llenas de agujeros y un poco carcomidas.
Desconozco qué pudo haberle pasado para tenerlas así. Tampoco sé si podrá volar nuevamente o si seguirá viva mañana. Me despedí de ella y la dejé dónde se encontraba, esperando que sí.
Esta fotografía la tomé con un Redmi 9, en Cumaná, Sucre, Venezuela.