Realicé el recorrido a mi jardín para poder ver el estado de algunas de las plantas que están sembradas directamente en el suelo. En algunas zonas el agua se estaba acumulando. De inmediato corregí esa situación. Me dediqué a mirar lo que el agua de lluvia ya le había hecho a las plantas. Todas estaban llenas de energía vital, esa energía que se puede percibir. Aunque en ese momento estaba nublado se podía percibir la luz que emanaba de cada planta. Llegué a comparar el efecto que el agua de lluvia causaba en cada planta con las manos de una madre cuando acaricia a su hijo recién nacido que le acaba de dar vida. De hecho, en ese momento llegó mi hijo a casa y me preguntó por qué estaba en el jardín si estaba lloviznando. Yo le respondí que me estaba llenando de energía vital y le comenté lo que hacía la lluvia a las plantas y salió de su cara una expresión y una hermosa sonrisa. En esa mañana ya estaba finalizando el recorrido cuando mi nieta llegó y me dijo que quería realizar ella un recorrido para ver si conseguía algún visitante. Les puedo decir que en unos minutos me llamó y me dijo que llevara mi teléfono. Había un insecto en la planta de Semeruco. Realizó algunas piruetas; sin embargo, el insecto no salió volando y logré inmortalizar su presencia en el jardín con varias fotografías, algunas de ellas las comparto con ustedes. Todas estas acciones llenan de energía mi Ser. Después de mi recorrido me fui a preparar una exquisita infusión, la cual degusté observando la vida y las dinámicas de transformación en mi espacio vital. En los días lluviosos no llegan mariposas a mi jardín.
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