El sol, como un amante que se despide, tiñe el cielo con sus dedos de fuego y susurros azules, mientras el mar, testigo eterno, guarda en su calma el secreto de un instante que jamás se olvida.
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Desde la cima, la noche nace lenta, invitando a soñar juntos bajo un manto de estrellas que guarda promesas infinitas.