En la agricultura, un taxón conocido como Sternorrhyncha posee ejemplares que mantienen una alta incidencia o impacto en determinados tipos de cultivos. Este conjunto de insectos pertenecen al orden Hemiptera, son fitófagos y dentro de agroecosistemas fungen como enemigos constantes al ser plagas y por tener la particularidad de transmitir fitopatógenos en algunos casos. En este sentido, el siguiente escrito busca resaltar la importancia de una de las superfamilias más perjudiciales para los sistemas de producción como lo es la Coccoidea, de igual manera, se describirá a uno de los especímenes que forman parte de este grupo de la clase Insecta.
En las profesiones pertenecientes al ramo agronómico resulta indispensable el conocer aspectos relacionados a la vida de diversos artrópodos, siendo los insectos uno de los principales grupos de seres vivos que son clave dentro de la agricultura. Una gran porción de estos hexápodos actúan de forma positiva sobre las plantas y animales, pero otros son todo lo contrario y destruyen de forma progresiva a estos organismos, por lo que se vuelven enemigos obligados para productores, técnicos e ingenieros en el área. Es por ello que, el conocimiento sobre estos invertebrados es vital para poder tomar medidas que permitan equilibrar la balanza y evitar pérdidas muy pronunciadas en lo que respecta al producto final que se desea obtener. A su vez, en el mundo existen muchos métodos diseñados para manejar a las poblaciones de insectos cuando estos sobrepasan los umbrales de daño; sin embargo, en algunos casos estas prácticas no arrojan los resultados esperados por la adaptabilidad que tienen ciertos insectos, siendo los hemípteros uno de los grupos más problemáticos en este sentido.
En el suborden Sternorrhyncha de los hemípteros hay ciertos tipos de insectos que desarrollan resistencia a los productos químicos o a otras sustancias que intenten afectarlos externamente, esto básicamente consiste en un efectivo mecanismo de defensa que producen desde etapas de desarrollo muy tempranas, por lo que sus cuerpos llegan a cubrirse de capas céreas o polvorientas que los aíslan de factores perjudiciales externos. Las llamadas moscas blancas (Aleyrodidae) son unas de las que poseen esta capacidad, aunque es algo que llega a ser más notorio solo en algunas especies como las del género Aleurodicus; sin embargo, en otros de los grupos de Sternorrhyncha esta capacidad es mucho más pronunciada, como ejemplo destacado están las especies pertenecientes a la superfamilia Coccoidea. Algunos de estos últimos se aferran a las plantas como garrapatas y se cubren con una sólida capa cerosa que les da un aspecto de ser una pequeña concha o escama, ya estando protegidas no tienen necesidad de moverse a otro lugar, sino que pasan prácticamente toda su vida en un mismo punto de la planta huésped. Asimismo, para controlar a este tipo de insectos se suelen emplear sustancias que las aíslen del oxigeno (sofocar) o también resulta viable el uso de productos de tipo sistémicos que las afecten al momento de alimentarse.
Esta superfamilia (Coccoidea) está compuesta por más de 7.000 especies perfectamente distribuidas en el mundo y todas son fitófagos, es decir, que sus hábitos se basan en el consumo de organismos vegetales, específicamente de fluidos que sustraen de las plantas hospederas, teniendo también la particularidad de que muchas especies de estos insectos pueden alimentarse de diferentes tipos de plantas, lo que acentúa negativamente el impacto de sus poblaciones dentro de los agroecosistemas. De igual manera, en temas reproductivos son muy exitosos, pues, son formas de vida que tienen una facilidad muy marcada para traer a la vida a un elevado número de crías, esto hace que se consoliden colonias con buenos números y que puedan diseminarse de forma efectiva a plantas o zonas colindantes. El éxito reproductivo de algunas especies de coccoideos surge por el mecanismo de defensa que se mencionó anteriormente, ya que tanto los huevos o las ninfas son protegidas por capas o sustancias cerosas que impiden el fácil acceso de productos químicos, factores inherentes al clima o el impacto que puedan generar ciertos depredadores, lo que permite un desarrollo más seguro de la descendencia de este tipo de insecto.
Por otro lado, una amplia mayoría de los miembros de esta superfamilia no son fáciles de identificar, ya que muchos de ellos no han sido estudiados a profundidad por la ausencia de machos en los momentos de la colecta, es decir, que las hembras o las ninfas son fáciles de encontrar debido a que carecen de mucha movilidad o son sendentarios, por lo que para identificar a ciertos grupos se requiere la colecta de ejemplares hembra. Estas últimas son muy diferentes a los machos, siendo de cuerpos muy similares a larvas, con patas cortas y no presentan alas (ápteras); mientras que los machos llegan a parecer otro tipo de insecto debido a la presencia de alas o por poseer antenas largas. Los machos al ser móviles y por tener tamaños muy pequeños son muy difíciles de encontrar, además pueden llegar a confundirse con otros ejemplares de la misma superfamilia o familia, incluyendo también a otros tipos de insectos.
En esta fotografía hay 2 ejemplares, en la izquierda está una hembra del género Icerya, mientras que a la derecha está un macho que probablemente no pertenezca a la misma especie; sin embargo, debido al parecido con los machos de Icerya purchasi se tomó como referencia para que el lector pueda ver las enormes diferencias que existen entre machos y hembras, lo que demuestra el pronunciado dimorfismo sexual que hay en el sexo de estos insectos, lo que les otorga un punto atractivo bastante inusual.
Las hembras al ser poco móviles son las que con regularidad se encuentran sobre las plantas, estas se aferran con su aparato bucal del tipo chupador o suctor y de forma paulatina absorben fluidos de su huésped, mientras que yacen protegidas por las capas cerosas que producen. Este tipo de insecto se conoce comúnmente como chinche o cochinilla harinosa porque la sustancia que las protege es blanquecina, muchas veces quedan restos de esta capa sobre las hojas y más si la población de alguno de estos es muy elevada, otras especies como las de la familia Diaspididae producen una especie de escama o concha, en ciertas ocasiones parecen pequeños bultos o protuberancias aplanadas sobre los tallos o las hojas de las plantas, incluso no llegan a parecer insectos, por lo que pueden ser confundidos con hongos u otras afecciones vegetales, pero en realidad la pequeña hembra y sus ninfas se ocultan bajo estas escamas.
Precisamente, el grupo más numeroso de los cocoideos es la ya mencionada familia Diaspididae, seguido muy de cerca por la Pseudococcidae, esto hace que ambos grupos sean los más conocidos debido a la facilidad con la que se propagan entre jardines o en suelos cultivados, aunque tampoco hay que descartar a otro grupo como lo es la familia Coccidae la cual también mantiene una marcada importancia en estos aspectos.
En esta serie de fotografías se muestra a un ejemplar macho de esta superfamilia conocida como Coccoidea, en la foto inferior derecha se muestra una vista ventral de su cabeza, el insecto no posee ningún tipo de aparato bucal, indicando esto que el ejemplar no se alimenta. Este tipo de dato resulta ser uno de las características más llamativa de estos invertebrados, pues, el papel de los machos está exclusivamente relacionado a la reproducción, por lo que solo se alimenta durante sus 2 primeros estadios ninfales, ya luego pierde sus piezas bucales y asume un papel reproductivo, esto hace que sus vidas sean muy cortas. Una hembra puede vivir por meses, pero esto es algo que depende de diversos factores y llega a variar de una especie a otra, durante todos esos meses colocará huevos que puede almacenar en un ovisaco o en una de sus capas cerosas, características que también son variables en determinadas especies. Asimismo, las antenas de los machos llegan a ser largas y con muchas sensilias porque necesitan captar las feromonas de las hembras para poder localizarlas y así lograr reproducirse, estos aspectos han podido ser comprobados en muy pocas especies, ya que encontrar a los machos en una colonia de estos hemípteros no es una tarea sencilla, incluso, hay especies identificadas de las que se desconoce el macho.
Como se mencionó en otros segmentos, los machos son los únicos que poseen alas en los cocoideos (según la especie), estos son los que tienen la tarea de buscar a las hembras para reproducirse; sin embargo, esta es una carrera contra el reloj biológico debido a que sus vuelos son algo torpes y lentos. En este ejemplar se pueden observar en sus grandes alas un conjunto de venas sobresalientes, estas estructuras membranosas (alas) están ligeramente endurecidas, así como otros segmentos de sus cuerpos, esto es algo que también las distingue de las hembras, ya que estas tienen un cuerpo muy blando, motivo por el que dependen de las capas cerosas que producen para evitar la desecación y para protegerse, ciertos machos de otras especies también llegan a producir estas capas cerosas pero en menor cantidad.
Cuando una ninfa emerge de los huevos pasa por diversos instares de desarrollo, se podría decir que el desarrollo de estos insectos consta de unas 4 o 5 etapas, pero esto es algo que también depende de la especie. Generalmente, una vez que la ninfa alcanza la 2 etapa esta puede pasar a una tercera etapa ninfal que indica que será una hembra, pero si hace una prepupa la siguiente fase será la pupa de la que posteriormente saldrá un macho, siendo estos los que tienen un ciclo más corto desde ninfa hasta adulto (imago). Durante las primeras fases como ninfas estos insectos tienen más movilidad; sin embargo, a medida que mudan de cutícula sus patas pueden hacerse más cortas lo que los va haciendo sedentarios, por este motivo durante sus fases iniciales buscan un lugar correcto del que puedan sustraer el alimento de las plantas, ya luego no necesitan moverse más para sobrevivir.
Otros datos a destacar de estos insectos es que a pesar de que la mayoría son nocivos para las plantas dentro de los agroecosistemas, hay otros que llegan a ser empleados para el control de plantas no deseadas, también está el caso de aquellos ejemplares que son reproducidos en grandes cantidades para obtener algo de ellos, ya sea cera o laca. No obstante, el caso más curioso está relacionado con la especie Dactylopius coccus, misma que tiene la particularidad de producir una sustancia rojiza que se emplea en la elaboración de ciertos productos que consume o utiliza el humano, específicamente esta sustancia se emplea para darle color al producto, el cual puede llegar a ser un alimento; probablemente, en algún momento de tu vida es posible que hayas consumido parte de estos insectos sin darte cuenta, aunque no es algo dañino para la salud y tiene mucha historia de trasfondo, Puedes leer parte de la historia aquí.
Del resto, este tipo de hemípteros continuarán siendo uno de los problemas más comunes que se pueden observar dentro de la agricultura, ya que además de debilitar a las plantas por la acción que genera su proceso alimenticio, también llegan a ser vectores de virus y otras problemáticas relacionadas a microorganismos, incluyendo el accionar de hongos del género Capnodium que proliferan por los líquidos que expulsan estos insectos.
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Algunas referencias e información importante:
Sangre de nopal. El rojo mexicano de la grana cochinilla