Introducción
Las personas que viven solas no constituyen una familia, pues según su acepción básica, ésta está conformada por dos o más personas que viven juntas y tienen relaciones de parentesco o de afinidad, mientras que un hogar se define como un grupo de personas que viven en un mismo espacio, distribuyen las obligaciones económicas entre los miembros, sin que medie una relación de parentesco o afecto. (Uribe, 2010, p. 58)
El mundo actual ha experimentado numerosos cambios socioeconómicos; el mercado ha alcanzado un poder superior al de los estados proteccionistas y de bienestar. Debido a este proceso de globalización se ha producido un impacto en la sociedad y en especial en las familias. Estas transformaciones dependen de varios factores y no son uniformes. Los factores tienen que ver con la economía y la cultura principalmente, y son acogidos bajo los derechos individuales que promulgan la libertad de conformar las relaciones de pareja, la libre opción a la maternidad, la libertad de decidir vivir solos, entre otras.
Esto ha contribuido a que se produzcan nuevas subjetividades en las personas que, no son pasivas ni estáticas, sino que son flexibles y conflictivas con respecto a las tradiciones, normas, etc. Por ende, en nuestros días existe una baja tasa de fecundidad, mayor número de divorcios, nuevas configuraciones familiares y hogares diferentes a los tradicionales. Cada vez más se opta por uniones consensuales y soltería, protegidas por las leyes. En consecuencia, se producen cada vez más los llamados hogares unipersonales y, aunque existen numerosos estudios estadísticos acerca de la familia, son pocos los que tratan el tema de esta nueva realidad social y de cómo se llega a poseer esta condición.
En América Latina existe una tendencia de aumento de dichos hogares que podría llegar a ser una nueva alternativa de vida para las personas que representen nuevas formas de consumo y nuevas dinámicas que supongan un cambio con respecto a las familias tradicionales. «La individualización posibilita que la identidad se convierta en una tarea, en vez de un dato: permite que las personas asuman las consecuencias de sus actos» (Uribe, 2010, p. 60). A causa del capitalismo presente en nuestros días, las personas poseen una conciencia cada vez más centrada en la persona, producto de la desigualdad social que conlleva a una individualización cada vez mayor. Se produce entonces una contraposición de lo particular con respecto a lo colectivo.
La familia como objeto de análisis de la Psicología
Debido a que la familia en general es tan antigua como la misma especie humana, constituye una unidad de análisis compleja. Dicha complejidad está mediada por la relación familia-individuo-sociedad, así como las leyes, la economía, el medio ambiente y la ideología. En consecuencia, es una categoría que requiere diferentes enfoques transdisciplinarios como, por ejemplo: la Sociología, la Historia o la Antropología. La familia representa la célula fundamental de la sociedad y es en ella donde se producen todos los fenómenos a nivel micro. «El hombre convive y coexiste en familia desde que nace y, durante toda su vida, en un constante proceso de continuidades y discontinuidades, crece en familia y sale de ella para crear otra» (López-Chávez, 2011, p. 10).
Desde el punto de vista de la Psicología, esta categoría fue tratada con mayor interés solo a finales del siglo pasado como una unidad de estudio propiamente dicha. Debido a que se hace difícil ubicarla en un campo específico del conocimiento a causa de su visión transdisciplinaria, los psicólogos de orientación marxista la consideran una unidad de análisis psicosocial.
Con respecto a lo anterior, existe un enfoque paradigmático en el estudio de la familia en Psicología Clínica denominado Terapia General de los Sistemas, donde, dicha categoría constituye un sistema abierto en el cual sus miembros mantienen una interrelación entre sí, intercambiando materia e información con el medio donde se encuentran. Esta teoría aporta una visión holística, partiendo de la comprensión de la familia como sistema con organización propia que se encuentra constantemente influenciada por procesos de interinfluencia recíproca, evolución e interdependencia según la destacada psicóloga Patricia Arés (1990). Esta autora también plantea la necesidad de superar el enfoque psicopatológico de los conflictos y problemas que presentan las familias, y considerar imprescindible el análisis de variables sociopsicológicas que evidencien el impacto de lo social.
Las ventajas que ofrece esta teoría son de gran valor para los estudios de familia, no solo en el campo de la Psicología clínica, sino también en la valoración psicosocial de ciertos fenómenos sociales que impactan notablemente. Así, se presentan a través de los siguientes presupuestos la justificación del estudio psicosocial de familia:
Se hace necesaria una Psicología Social aplicada a la familia que dé cuenta del manejo de teorías y metodologías psicosociales, de perspectivas interdisciplinares que aborden temas cotidianos en escenarios reales.
Al individuo es importante estudiarlo y comprenderlo desde su contexto social y su mundo de relaciones, pero también es fundamental tener en cuenta que las familias son un componente esencial en ese contexto social y en ese mundo de relaciones.
Este enfoque psicosocial de la familia está sustentado en tres principios fundamentales que forman la base del abordaje teórico, metodológico e interpretativo. El primero se refiere al carácter histórico de la categoría familia. Así, se propone que la familia está en todo momento condicionada por los sistemas socioeconómicos que han regido a la sociedad. Por tanto, la historia representa el dinamismo de la familia dado por la cultura, la ideología, la política, y los reguladores sociales y no una unidad estática en el tiempo.
Por otro lado, el segundo principio se refiere al carácter evolutivo de la familia que no tiene que ver solamente con las transformaciones que se producen a nivel macro social, sino que también en ella se produce un proceso evolutivo que está dado por su condición de célula de la sociedad, en donde se evidencian etapas marcadas por el desarrollo de sus miembros.
El último principio, tiene que ver con la relación dialéctica familia-individuo-sociedad, en donde la familia es la mediadora entre la sociedad y los miembros que la integran. La sociedad determina las formas de coexistencia familiar, mientras que esta se apropia y reproduce creativa y activamente los valores, creencias, normas, ideologías, etc., que propone la sociedad. Según Arés (2002), la familia se determina por el sistema social que funciona como marco para su funcionamiento.
Sin embargo, la Psicología Social no aborda mucho el tema de familia ya que trabaja con grupos humanos no familiares. Más bien, en este campo la familia ha sido utilizada en la literatura como telón de fondo para justificar fenómenos, y no como unidad de análisis propiamente dicha.
El estudio psicosocial de la familia es una disciplina reciente que no ha cobrado la atención suficiente por parte de la Psicología Social, en tanto los máximos acercamientos que se han podido encontrar en relación al tema son referidos al matrimonio. (López-Chávez, 2011, p. 11)
De igual forma, en la familia como célula fundamental de la sociedad influyen ciertos factores que las hacen ser diferentes unas de otras. Así mismo, estos factores van a determinar la dinámica familiar y a ejercer un rol importante en cada sociedad.
Hogares unipersonales. Caracterización en el contexto actual
Los hogares unipersonales se definen como «personas que viven solas, sin compartir la vivienda, pero inmersas en redes. Surge por opción o necesidad, independientemente de su situación afectiva, lo que no excluye el desarrollo de relaciones eróticas o de pareja y familiares» (Quinteros, 2007, p. 76). En las últimas décadas en el mundo se han producido grandes transformaciones sociodemográficas: el aumento en la longevidad, las mejoras en las condiciones de vida, los avances médicos, el desarrollo tecnológico, los procesos de individualización y el desarrollo de nuevas formas familiares, entre otros factores, han provocado que haya más personas viviendo solas y, en consecuencia, un incremento de los hogares unipersonales.
Tradicionalmente, las personas que vivían solas representaban de forma generalizada la vejez y la soltería, sin embargo, hoy en día, la percepción que se tiene sobre estas personas ha cambiado. Ahora las personas que viven solas han pasado a representar la libertad, la independencia y la autonomía personal, teniendo la capacidad de afrontar, controlar y tomar sus propias decisiones personales para vivir su día a día. Según Vázquez y Piccirillo (2011), esto ha sido posible por el papel fundamental que ha tenido la solidaridad intergeneracional en la sociedad actual, que ha permitido que cuando estas personas requieren de algún tipo de ayuda, además de poder recurrir a sus familiares, acuden también al resto de su entorno social, como amigos, vecinos, entre otros. También en los hogares unipersonales se puede apreciar, que existe una dinámica que lleva a sus integrantes a relacionarse con personas, grupos y organizaciones significativas social y afectivamente. Los hombres y mujeres que experimentan la realidad de vivir solos y solas, establecen sus propias dinámicas, y no son ajenas a cambios dados en las familias contemporáneas, poseen similares problemas, dificultades y preocupaciones que las diferentes tipologías de familia.
Hoy por hoy, existen mayores posibilidades de poseer autonomía, puesto que existe en la población mundial un mayor sentimiento de soledad. Esto está dado porque ya la interacción cara a cara no es tan cómoda como antes; ahora las relaciones afectivas están mediatizadas por la no expresión de compromisos a largo plazo. Desde este punto de vista, se empiezan a desarrollar una serie de acontecimientos relacionados a la familia y al modelo de relaciones tradicionales. Estas relaciones afectivas están mediatizadas por una lógica de consumo, por ejemplo, las funciones que estaban asignadas a la pareja para la reproducción, ahora dependen de la medicina. Entonces, aquí se establece una relación con la economía que impacta a nivel mundial.
El fenómeno de crecimiento en la proporción de hogares unipersonales, constituye una tendencia en alza a nivel mundial. No obstante, no presenta la misma vitalidad en todos los países. En términos generales, a partir de las comparaciones, se puede apreciar que la proporción de hogares unipersonales crece a medida que crece el ingreso personal de sus habitantes: en efecto, si se relaciona la proporción de hogares unipersonales con el Producto Interno Bruto por habitante (PIB pc) se puede observar que a mayor PIB pc, es mayor la proporción de hogares unipersonales. (Vázquez y Piccirillo, 2011, p. 4)
Por otro lado, los hogares unipersonales puede que no lo sean por siempre. Las llamadas «rutas de salida», mencionadas por Uribe Díaz (2010), se definen como transiciones dentro del propio ciclo de los hogares unipersonales o procesos circunstanciales que suponen el final de esta forma de vida. Algunos ejemplos que la autora cita en su artículo son la reanudación de la convivencia conyugal,
English version
Introduction
People living alone do not constitute a family, because according to its basic meaning, this is made up of two or more people who live together and have kinship or affinity relationships, while a household is defined as a group of people living in the same space, distributing economic obligations among the members, without a relationship of kinship or affection. (Uribe, 2010, p. 58).
Today's world has undergone numerous socioeconomic changes; the market has reached a power superior to that of protectionist and welfare states. Due to this globalization process there has been an impact on society and especially on families. These transformations depend on several factors and are not uniform. The factors have to do with the economy and culture mainly, and they are embraced under the individual rights that promulgate the freedom to form couple relationships, the free option to motherhood, the freedom to decide to live alone, among others.
This has contributed to the production of new subjectivities in people who are neither passive nor static, but flexible and conflictive with respect to traditions, norms, etc. As a result, nowadays there is a low fertility rate, a higher number of divorces, new family configurations and households different from the traditional ones. More and more people are opting for consensual unions and bachelorhood, protected by law. As a result, there are more and more so-called single-person households and, although there are numerous statistical studies on the family, there are few that deal with this new social reality and how this condition is achieved.
In Latin America there is an increasing trend of such households that could become a new life alternative for people who represent new forms of consumption and new dynamics that represent a change with respect to traditional families. "Individualization makes it possible for identity to become a task, rather than a given: it allows people to assume the consequences of their actions" (Uribe, 2010, p. 60). Because of the capitalism present in our days, people have an increasingly person-centered consciousness, a product of social inequality that leads to an increasing individualization. There is then a contrast between the particular and the collective.
The family as an object of analysis of Psychology
Because the family in general is as old as the human species itself, it constitutes a complex unit of analysis. This complexity is mediated by the family-individual-society relationship, as well as laws, economics, environment and ideology. Consequently, it is a category that requires different transdisciplinary approaches, such as sociology, history and anthropology. The family represents the fundamental cell of society and it is in the family that all micro-level phenomena take place. "Man lives and coexists in a family from the moment he is born and, throughout his life, in a constant process of continuities and discontinuities, he grows up in a family and leaves it to create another" (López-Chávez, 2011, p. 10).
From the point of view of Psychology, this category was treated with greater interest only at the end of the last century as a unit of study itself. Because it is difficult to place it in a specific field of knowledge due to its transdisciplinary vision, Marxist-oriented psychologists consider it a unit of psychosocial analysis.
With respect to the above, there is a paradigmatic approach in the study of the family in Clinical Psychology called General Systems Therapy, where this category constitutes an open system in which its members maintain an interrelationship among themselves, exchanging matter and information with the environment in which they find themselves. This theory provides a holistic vision, based on the understanding of the family as a system with its own organization that is constantly influenced by processes of reciprocal interinfluence, evolution and interdependence according to the outstanding psychologist Patricia Arés (1990). This author also suggests the need to overcome the psychopathological approach to the conflicts and problems presented by families, and to consider the analysis of socio-psychological variables that show the impact of the social aspect as essential.
The advantages offered by this theory are of great value for family studies, not only in the field of clinical psychology, but also in the psychosocial evaluation of certain social phenomena that have a notable impact. Thus, the justification for the psychosocial study of the family is presented through the following assumptions:
A Social Psychology applied to the family is needed that takes into account the management of psychosocial theories and methodologies, interdisciplinary perspectives that address everyday issues in real scenarios.
It is important to study and understand individuals from their social context and their world of relationships, but it is also essential to take into account that families are an essential component in that social context and in that world of relationships.
This psychosocial approach to the family is based on three fundamental principles that form the basis of the theoretical, methodological and interpretative approach. The first refers to the historical character of the family category. Thus, it is proposed that the family is at all times conditioned by the socioeconomic systems that have governed society. Therefore, history represents the dynamism of the family given by culture, ideology, politics, and social regulators and not a static unit in time.
On the other hand, the second principle refers to the evolutionary character of the family, which is not only related to the transformations that take place at the macro social level, but also to an evolutionary process that is given by its condition as a cell of society, where stages marked by the development of its members are evident.
The last principle has to do with the dialectic relationship family-individual-society, where the family is the mediator between society and its members. Society determines the forms of family coexistence, while the family appropriates and creatively and actively reproduces the values, beliefs, norms, ideologies, etc., proposed by society. According to Arés (2002), the family is determined by the social system that functions as a framework for its functioning.
However, Social Psychology does not deal much with the subject of the family since it works with non-family human groups. Rather, in this field, the family has been used in the literature as a backdrop to justify phenomena, and not as a unit of analysis per se.
The psychosocial study of the family is a recent discipline that has not received sufficient attention from Social Psychology, since the closest approaches that have been found in relation to the subject are related to marriage. (López-Chávez, 2011, p. 11).
Similarly, the family as a fundamental cell of society is influenced by certain factors that make them different from each other. Likewise, these factors determine family dynamics and play an important role in each society.
Single-person households. Characterization in the current context
Single-person households are defined as "people who live alone, without sharing housing, but immersed in networks. They arise by choice or necessity, regardless of their affective situation, which does not exclude the development of erotic or couple and family relationships" (Quinteros, 2007, p. 76). In recent decades the world has undergone major sociodemographic transformations: the increase in longevity, improvements in living conditions, medical advances, technological development, individualization processes and the development of new family forms, among other factors, have led to more people living alone and, consequently, to an increase in single-person households.
Traditionally, people living alone generally represented old age and singleness, however, nowadays, the perception of these people has changed. Now people living alone have come to represent freedom, independence and personal autonomy, having the ability to cope, control and make their own personal decisions to live their daily lives. According to Vázquez and Piccirillo (2011), this has been possible due to the fundamental role played by intergenerational solidarity in today's society, which has meant that when these people require some kind of help, in addition to being able to turn to their family members, they also turn to the rest of their social environment, such as friends, neighbors, among others. In single-person households, there is also a dynamic that leads its members to relate to people, groups and organizations that are socially and affectively significant. Men and women who experience the reality of living alone, establish their own dynamics, and are no strangers to changes in contemporary families, have similar problems, difficulties and concerns as the different types of families.
Today, there are greater possibilities for autonomy, since there is a greater sense of loneliness among the world's population. This is due to the fact that face-to-face interaction is not as comfortable as it used to be; affective relationships are now mediated by the non-expression of long-term commitments. From this point of view, a series of events related to the family and the model of traditional relationships begin to develop. These affective relationships are mediatized by a logic of consumption, for example, the functions that were assigned to the couple for reproduction, now depend on medicine. So, here a relationship is established with the economy that impacts on a global level.
The phenomenon of growth in the proportion of single-person households is a growing trend worldwide. However, it does not present the same vitality in all countries. In general terms, from comparisons, it can be seen that the proportion of single-person households grows as the personal income of its inhabitants grows: in fact, if the proportion of single-person households is related to the Gross Domestic Product per capita (GDP pc), it can be observed that the higher the GDP pc, the higher the proportion of single-person households. (Vázquez and Piccirillo, 2011, p. 4).
On the other hand, single-person households may not be so forever. The so-called "exit routes", mentioned by Uribe Díaz (2010), are defined as transitions within the single-person household cycle itself or circumstantial processes that entail the end of this way of life. Some examples cited by the author in her article are the resumption of marital cohabitation, family reunification between immigrant spouses, or the reincorporation of the parent who was physically absent for work reasons, or during periods of prison or hospital confinement. Therefore, we must bear in mind that we should not standardize when talking about single-person households, since many of them are temporary forms that occur in a family, which gives them a certain ambiguity and complexity. This also allows us to conclude that beyond being a necessity for some, for others it becomes an option for independence.
Créditos | Credits
Referencias bibliográficas:
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Arés M., P. (2002). Psicología de la Familia. Una aproximación a su estudio. Félix Varela. https://pdfcoffee.com/libro-de-familia-patricia-ares-5-pdf-free.html
Quinteros, ÁM. (2006). El diccionario especializado en familia y género: investigación terminológica y documental. Revista Interamericana de Bibliotecología, 29 (2), 61-78. https://www.google.com/url?sa=t&source=web&rct=j&opi=89978449&url=https://www.redalyc.org/pdf/1790/179014343004.pdf&ved=2ahUKEwiujtb248yCAxVOMlkFHaxdCLUQFnoECAkQAQ&usg=AOvVaw2UAdcRHSbcEzlNSJWwYkjS
Uribe D., PI. (2010). Los hogares unipersonales: nueva tendencia en la estructura familiar. Retos, (15), 57-68. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4929264
López-Chávez, VH. (2011). Estudio de la subjetividad familiar en familias de alto capital cultural y bajo capital económico (Tesis de Diploma). Universidad de La Habana, La Habana.
Vázquez, P., y Piccirillo, JM. (2011). Hogares unipersonales: Impacto sobre el transporte.
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