Una de las figuras del siglo XX que más ha influido en el pensamiento acerca de la psique humana individual y colectiva, luego de Sigmund Freud, es el médico, psiquiatra y escritor suizo Carl Gustav Jung, quien nació el 26 de julio de 1875. Con su tesis del “inconsciente colectivo” y su propuesta acerca de los arquetipos, introdujo cambios fundamentales no sólo en la psicología, sino, en general, en el modo de entender la cultura humana, e incidiendo en el arte y, particularmente, en la literatura. Para rendirle honor en 2022 escribí un post al modo de microficción que pueden visitar en este enlace.
Jung reflexionó honda y ampliamente acerca del símbolo, de lo simbólico, dejándonos consideraciones de suma relevancia e interés, que nos permiten aproximarnos a la complejidad de ese campo constitutivo de lo humano con una perspectiva muy abierta y productiva.
A continuación reproduciré algunos fragmentos de lo que nos entregara al respecto en su trabajo capital ”Acercamiento al inconsciente” (1961), recogido en ese libro fundamental, animado y preparado por él con su equipo: El hombre y sus símbolos.
(…) una palabra o una imagen es simbólica cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto “inconsciente” más amplio que nunca está definido con precisión o completamente explicado. Ni se puede esperar definirlo o explicarlo. Cuando la mente explora el símbolo, se ve llevada a ideas que yacen más allá del alcance de la razón.
(…) parte del inconsciente consiste en una multitud de pensamientos oscurecidos temporalmente, impresiones e imágenes que, a pesar de haberse perdido, continúan influyendo en nuestra mente consciente.
(…) hay muchos símbolos que no son individuales sino colectivos en su naturaleza y origen. (…) son “representaciones colectivas” emanadas de los sueños de edades primitivas y de fantasías creadoras. Como tales, esas imágenes son manifestaciones involuntariamente espontáneas y en modo alguno invenciones intencionadas.
(…) todo lo que hemos oído o experimentado puede convertirse en subliminal, es decir, puede pasar al inconsciente. Y aun lo que retenemos en nuestra mente consciente y podemos reproducir a voluntad, ha adquirido un tono bajo inconsciente que matizará la idea cada vez que la recordemos. (…) aunque no nos damos cuenta consciente de la existencia de ese significado subliminal o de la forma en que, a la vez, extiende y confunde el significado corriente.
(…) el hombre contemporáneo paga el precio de una notable falta de introspección. está ciego para el hecho de que, con todo su racionalismo y eficiencia, está poseído por “poderes” que están fuera de su dominio.
Al hombre le gusta creer que es dueño de su alma. Pero como es incapaz de dominar sus humores y emociones, o de darse cuenta de la miríada de formas ocultas con que los factores inconscientes se insinúan en sus disposiciones y decisiones, en realidad, no es su dueño. Estos factores inconscientes deben su existencia a la autonomía de los arquetipos.
Mi intención con este post no es producir una disquisición en torno a este complejo asunto de lo inconsciente y lo simbólico, tarea propia de un especialista, sino dar a conocer cardinales reflexiones del sabio de la llamada “psicología profunda", sobre estos neurálgicos aspectos de la psique y que señalan la cultura y conducta humana.
Todo su pensamiento sobre el inconsciente colectivo y lo simbólico parece tener como piedra angular o eje central el concepto de arquetipos que, según lo dicho por Jung, vendría a ser esas imágenes primordiales (“remanentes arcaicos”, en palabras de Freud), de carácter colectivo y heredado, que constituyen estructuras simbólicas que reaparecen continuamente en la conciencia de los pueblos y de los individuos, a través de los sueños, los mitos, lo religioso y la poesía. Pueden ser muchos, entre ellos: el viaje, el sacrificio, la caída, etc.
Referencias:
Jung, C. G. (1981). El hombre y sus símbolos. España: Biblioteca Universal Caralt.
Gracias por su lectura.
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