Recuerdo esa noche fría y ventosa cuando el Sr. 666 -un nombre de pila que nadie sabía si era real o simplemente un apodo dado por los curiosos del vecindario-, decidió que ya era hora de conquistar el mundo. Bueno, o al menos, en su pequeño departamento del quinto piso de un antiguo y solitario edificio casi en ruinas. Pero para él, eso era suficiente.
—Yo soy el rey de este castillo de cartón, -soberbio-.
El Sr. 666 vivía solo, rodeado de estanterías llenas de libros corroídos por la plaga y el tiempo, tazas de café medio vacías llenas de telarañas. Un gigante espejo que ocupaba media sala, en donde él, reflejaba su increíble genialidad y personalidad. Cada vez que pasaba se miraba, se detenía, ajustaba su corbata roja y murmuraba:
—¿Sabes qué?, mundo; algún día me recordarán como el hombre más inteligente que jamás haya existido. Quizá incluso, escriban poemas sobre mí, algo así como "Oh gran Sr. 666, cuya mente iluminó el cosmos...", ¿qué opinas?
CRACK. El espejo se agrietó de repente. El Sr. 666 parpadeó, confundido. No había golpeado nada ni sentido vibraciones. Desde dentro de las grietas, algo lo miró fijamente. Un ojo endemoniado, enorme y brillante.
—¿Eh? ¿Qué demonios...? -balbuceó el Sr. 666-.
El ojo lo fulminó con una mirada llena de desprecio antes de desaparecer. El Sr. 666 sacudió la cabeza y decidió ignorarlo. Después de todo, ¿quién podría juzgarlo? Él era perfecto.
—Dame más, siempre más, -avaricioso-.
Al día siguiente, el Sr. 666 recibió un sospechoso e-mail, asunto: "GANASTE UN MILLÓN DE HBD. ¡RECLÁMA TU PREMIO AHORA!". Normalmente él habría borrado ese mensaje sin pensarlo dos veces, pero esa mañana sentía una extraña sensación compulsiva. Tal vez era el destino, la suerte lo bendecía -pensó-.
Hizo clic en el enlace adjunto y una robótica voz emergió de los parlantes de su computadora:
—Para reclamar tu premio, debes ofrecer algo de igual valor.
El Sr. 666 rio nerviosamente.
—¿Igual valor? Bah, no tengo nada valioso aparte de mi intelecto. ¿Qué podría ofrecer?
La voz continuó:
—Ofrece tu sombra.
Intrigado -convencido de que esto era algún tipo de broma-, el Sr. 666 aceptó. Instantáneamente, su sombra se separó de su cuerpo y se arrastró hacia la pantalla, donde desapareció, como por arte de magia, ¡SLURP!
Todo parecía normal..., hasta que comenzó a notar pequeñas cosas extrañas. Las luces parpadeaban cuando entraba a una habitación. Los perros ladraban histéricamente al verlo pasar. Y lo peor de todo, ya no proyectaba ninguna sombra.
Una noche, mientras caminaba por el pasillo, sintió algo moverse detrás de él. Giró rápidamente, pero no había nada. Escuchó una risita ahogada que provenía... del suelo. Su sombra ahora tenía vida propia y lo seguía a todas partes, riendo maliciosamente cada vez que intentaba encender una lámpara.
—¡Esto es ridículo! -gritó el Sr. 666-. ¡Devuélveme mi sombra!
La sombra respondió con una voz escalofriante:
—Primero, devuélveme MI dinero.
—Un amor prohibido, -lujurioso-.
En su desesperación por deshacerse de su traviesa sombra, el Sr. 666 descargó una app de citas en su celular, llamada "Match of Doom". El logo era un corazón atravesado por un tridente, pero eso a él no le importó. Ahora, estaba decidido a encontrar el verdadero amor.
Después de horas de deslizar el dedo por la pantalla de su celular, finalmente coincidió con alguien. Una misteriosa mujer de usuarios . Su foto calaverita mostraba una seductora silueta envuelta en humo densamente negro. Comenzaron a chatear. Para él, ella era sencillamente encantadora, ingeniosa y peligrosamente sexy.
—Deberíamos conocernos en persona, -sugirió -.
Se encontraron en un oscuro y decadente bar apartado de las calles. era aún más hermosa de lo que había imaginado, con ojos que parecían contener galaxias enteras. Bailaron toda la noche. El Sr. 666 sintió que finalmente había encontrado a su alma gemela.
Cuando regresaron a su departamento, las cosas se pusieron intensas. MUY intensas. En un momento dado, lo besó apasionadamente -algo más intenso que un beso francés-, pero cuando él abrió los ojos, vio que sus labios estaban hechos de fuego. Literalmente.
—¡AHHH! -chilló el Sr. 666, retrocediendo-.
sonrió, revelando afilados colmillos.
—Oh, cariño. Pensé que sabías lo que significaba "Doom" en el nombre de la app. (Condena).
Y con eso, se evaporó en una nube de azufre, dejando al Sr. 666 con quemaduras de tercer grado en el cuello y una astronómica factura del hospital.
—¡ESTO ES UNA LOCURA!, -iracundo-.
El Sr. 666 estaba furioso. Su sombra seguía burlándose de él, su cuenta bancaria estaba vacía gracias a Lilith, y ahora su vecino del 5B mantenía la música a todo volumen a las 3 a.m.
—¡BAJA ESA MALDITA MÚSICA!, -rugió, golpeando la pared con tal fuerza que dejó una marca-.
La música se detuvo abruptamente. Hubo un silencio sepulcral. Luego, una voz profunda y gutural respondió desde el otro lado:
—Lo siento, amigo. Solo quería animarte un poco.
El Sr. 666 tragó saliva. Esa voz no pertenecía a un ser humano. Era grave, rasposa, como si mil cadenas oxidadas chirriaran al unísono.
Abrió la puerta lentamente y encontró al vecino, un demonio de tres metros de altura con cuernos retorcidos y dientes afilados como cuchillas.
—Ah... hola -tartamudeó el Sr. 666-.
El demonio sonrió.
—¿Quieres venir a mi fiesta? Prometo que será... divertida.
El Sr. 666 cerró la puerta de golpe y juró nunca volver a enfadarse. Al menos, no públicamente.
**—Comeré hasta explotar, -gula-.
Después de una semana de insomnio y pesadillas constantes, el Sr. 666 decidió que necesitaba consuelo. Qué mejor forma de consolarse sino con comida chatarra. Ordenó pizza, hamburguesas, papas fritas, helado, donas... todo lo que ustedes se puedan imaginar.
Mientras devoraba una tercera rebanada de pizza, notó algo extraño, muy extraño. La comida no se acababa. Cuanto más comía, más y más comida chatarra aparecía en su mesa. Pronto, su cocina estaba cubierta de montañas de cajas. No sé por qué, pero recordó la grotesca escena de la película “Se7en” 1995.
Intentó parar, pero su hambre era insaciable. Se dio cuenta demasiado tarde de que no era él quien controlaba su apetito, sino algo más. Algo oscuro.
Cuando ya no pudo moverse debido al tamaño de su inflado estómago, una pequeña criatura verde y viscosa asomó de una de las cajas de pizza.
—Gracias por la cena, amigo -dijo la criatura, guiñándole un ojo antes de desaparecer-.
El Sr. 666 pasó los próximos días sobreviviendo a base de agua y vergüenza.
—¿Por qué ellos tienen TODO y yo no? -envidioso-.
Un día, mientras navegaba por redes sociales, el Sr. 666 vio fotos de sus amigos presumiendo viajes exóticos, de sus nuevos autos y felices; según del producto de las ganancias en HIVE. Sintió cómo la bilis subía por su garganta. ¿Por qué ellos tenían todo y él solo tenía... bueno, un caos infernal?
Decidió improvisar un ritual para obtener lo que -según él- merecía. Encendió velas negras, dibujó un pentagrama en el suelo con kétchup y recitó palabras que encontró en Googleando.
—¡Oh, poderosos espíritus del universo! ¡Quiero ser el MEJOR! ¡Muéstrenme cómo lograrlo!
Hubo un destello de luz, y de repente, el Sr. 666 se encontró en el cuerpo de uno de sus amigos; Jake, quien siempre había sido exitoso y popular. Al principio, estaba emocionado. Pero pronto descubrió que ser Jake no era tan fácil como él pensaba. Su amigo tenía muchas responsabilidades, incontables compromisos y.… una suegra extremadamente controladora.
—¡DEVUÉLVEME MI CUERPO! -gritó, pero nadie lo escuchó-.
—No quiero levantarme..., -perezoso-.
Después de semanas de interminables catástrofes, el Sr. 666 decidió rendirse. Se quedó en cama durante días, semanas, meses. Ni siquiera se molestaba en alimentarse, menos de asearse. Su sombra lo vigilaba desde la pared, riendo ocasionalmente. La sombra lo atormentaba como Patrick Swayze (Sam) atormentaba a Whoopi Goldberg (Oda) en la película Ghost (la sombra del amor) por allá en 1990.
Un día, mientras yacía inmóvil, escuchó una voz tranquila y familiar:
—Veo que has aprendido la lección.
Era el ojo del espejo, ahora flotando libremente.
—¿Lección? ¿Qué lección? -preguntó el Sr. 666 débilmente-.
—Que los pecados capitales no llevan a la grandeza, sino al caos -respondió el ojo-. Pero tranquilo, aquí tienes un regalo.
Un cegador rayo de luz llenó la habitación. Cuando el Sr. 666 despertó, estaba en un lugar extraño, un parque de diversiones abandonado. Y allí, frente a él, había un puesto de hot dogs con un cartel que decía "Gratis para todos los pecadores arrepentidos".
El Sr. 666 sonrió. Tal vez el infierno no era tan malo después de todo.
«Pecados Capitales - Cuando los demonios se apoderan de tu ser»
Una propuesta de la Comunidad
CRÉDITOS:
Imágenes: fueron generadas por bing IA.
Dedicado a todos aquellos que contribuyen, día a día, a hacer de nuestro planeta, un mundo mejor.
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