Desde muy pequeña amé el mar. Y es que cada amanecer lo tenía allí, frente a mis ojos, la brisa traía consigo el aroma a su agua salada y el sonido que de él emanaba parecía una poesía hecha melodía. Yo realmente amaba el mar.
Mi papá era pescador y pocas veces estaba en casa, sin embargo cuando llegaba de sus viajes mar adentro, yo lo notaba venir agotado, pero feliz por estar con mi mamá y conmigo. También veía en su cara preocupación y tristeza al despedirse para emprender un nuevo viaje.
Mi cuarto tenía muchos adornos de cosas del mar y mi lámpara era en forma de una sirena, yo queria ser una de ellas. Quería crecer y poner ir mar adentro con papá y ver una, soñaba con que pudiera ser también una de ellas. Pero mi mamá me prohibió hablar de estos deseos con mi padre, me decía que él no quería que yo fuera mar adentro.
Todos crecemos un día y algunos sueños o deseos crecen también con nosotros. A pesar de que papá no me quería ver en un barco rumbo a mar adentro, tuve que hacerlo, mi sueño al fin se cumplía, aunque no como yo lo esperaba. Papá enfermó en uno de sus viajes, el volvió con la mirada blanca y estuvo días en shock 🫨, decían que había sido la criatura, pero mi papá no respondía ni a su nombre, solo miraba día y noche hacia el mar.
El sindicato de pescadores se negaba a llevar a una mujer mar adentro, pero mi padre no tuvo hijos, así que era yo o era yo. Al no tener otra opción, emprendimos el viaje y yo iba allí, abrazada a la brisa marina, dejando posar los rayos del sol en mis mejillas y con mis ojos cerrados recordando aquella niña, que deseaba ir mar adentro un día.
El recorrido continuaba, pescaban, yo ayudaba a seleccionar los peces, hasta que llegó la noche y todos se metieron a descansar. Comenzó una tormenta y el capitán me pidió que escuchara lo que fuera, no saliera de mi camarote y esto me dejó simplemente intrigada, pero no escuchaba que pasara algo, así que caí en un sueño profundo. De repente, un fuerte golpe me despertó y escuchaba ruidos. Quería asomarme, pero recordaba lo que el capitán me había dicho.
Algo pasaba afuera. Escuchaba risas de mujeres, era como si nos hubieran invadido o quizás era un barco pirata quería robar el nuestro. Entonces, una sombra se posó sobre mi puerta, me dió mucho miedo y me quedé paralizada, pero lo que pasaría no se comparaba con nada. Abrieron la puerta y frente a mi estaba como una especie de demonio, nunca antes ví tal aspecto en alguna criatura y está al verme comenzó a gritar, su sonido era casi ensordecedor.
Llegaron otras, eran horribles y con escama. El capitán salió a mi defensa y al verlas quedó ciego, su mirada era blanca y estaba perdida, así como la mirada que tenía mi papá y entonces comprendí que la criatura que él vió estaba frente a mí, pero ¿Qué eran?. La que gritaba estaba llena de irá y era como si no pudiera tocarme, no podía dejarme ciega, sus poderes hacia mí eran vanos, solo lograban envolver a los hombres.
Se lanzó hacia al mar y fue entonces que mi sueño se cumplió por completo, ví una sirena, pero estás no eran, ni fueron nunca, aquel ser encantador que yo pensaba. Con sus voces y sus bellezas era capaces de atraer pescadores hacia ellas, atraparlos en sus redes encantadoras, para luego tomar sus barcos y hacerlos naufragar. Los pescadores que sobreviven cuentan que muchos dicen que ellas buscan venganza, pero nadie sabe la razón.
Mi padre, al igual que muchos pescadores, tenían años conociendo el mar y sabían de estos seres o criaturas, también conocían cuáles eran las consecuencias para aquellos que pretendían resistirse a sus encantos. Mi padre fue una víctima más, pero que pudo salir del mar con vida. Al capitán no lo ví más nunca en mi vida, parece que las creaturas se lo llevaron a las profundidades del océano y yo al volver a casa, juré nunca más regresar mar adentro.
Mi padre nunca más recuperó la visión y ya ni puso quien era, solo decía "la criatura nos observa", como si fuera presa de la oscuridad. La lámpara que tenía desde niña, se fue junto con mis sueños. La lancé a las profundidades del mar y así fue como nunca más quise ser una sirena, un ser malvado y vengativo. Un ser que solo usa su belleza, la cual no es más que una fachada, para dañar a quienes se atreven a navegar sobre sus aguas.
Aquel día entendí las caras de mi padre al llegar y salir de viaje, no se iba triste por dejarnos, su preocupación era no poder regresar con nosotras. Yo sé que la criatura esa a la que llamamos sirena sigue molesta, escucho sus gritos en forma de cantos aterradores en las noches. No sé si son solo pesadillas o si quizás es ella que canta frente a mi cuarto, sentada en la orilla de la playa.
Imagen de portada creada en canva. Escrito de mi autoría. Invito a y a
a contar alguna historia.