🕯️ Saludos, comunidad de Spooky Zone. Soy y este es mi primer post por acá. Vengo con ganas de compartir historias que dan mala espina y leer las de ustedes. Espero que este minicuento les deje un escalofrío o al menos un "qué fue lo que pasó aquí". Si les gusta, me animo a más.
Aquí va:
Dos días sin sombra.
Raúl era de esos que después de un día pesado se servía un whisky doble para "bajar revoluciones". Vivía solo en un séptimo piso, trabajaba en una oficina que lo mataba de a poquito, y la bebida era su válvula de escape. Nada dramático, solo lo suficiente para dormir sin soñar con facturas y jefes.
Un jueves al mediodía, en la plaza cerca del trabajo, el sol pegaba tan fuerte que las baldosas parecían hervir. Bajó la vista para no cegarse y vio sus zapatos, la tierra en las grietas, la sombra del banco, la del árbol, hasta la de una paloma que picoteaba migas con toda la tranquilidad del mundo.
Pero la suya no estaba. Nada.
Parpadeó fuerte, se pasó la mano por la cara. “Caramba, Raúl, creo que te pasaste anoche”, pensó. Giró sobre sí mismo, primero despacio, luego deprisa, intentando pillar su sombra por sorpresa. El piso limpio. Cero sombra. El corazón le dio un vuelco, pero se obligó a creer: “Truco de luz, mareo por calor, resaca. Mañana me río de esto con los amigos del barrio”.
Esa noche, frente al espejo del baño cepillándose los dientes, la luz del techo le tiró la silueta dilatada y negra en la pared. Suspiró aliviado, casi se ríe en voz alta: “Ves, miedoso, ahí estás. Todo normal, relájate”.
Siguió cepillándose con un movimiento automático. Pero algo no encajaba.
La sombra no se movía con él.
Un segundo de retraso. Como si dudara.
Entonces la sombra levantó la mano. Lo saludó. Tranquila, como si dijera “qué tal, Raúl”.
Su mano seguía en el cepillo, tiesa. El aliento le sabía a whisky rancio. Quedó mirando el reflejo hasta que los ojos le ardieron.
El sábado 14 de febrero, a las 3:42 de la madrugada (el reloj del celular o él andaban locos), Raúl estaba sentado en la cama con la laptop en las piernas, las luces todas prendidas. No se atrevía a apagar ni una. El techo crujía con pasos que no eran pesados, sino precisos: lentos al principio, luego rápidos, imitando exactamente cómo había caminado por la plaza esa tarde. Paso… pausa… paso. Como si algo arriba estuviera aprendiendo a ser él.
“Demasiado whisky otra vez”, se dijo en voz alta para convencerse. “Delirios. Mañana llamo al doctor o me meto en AA de una vez”.
Apagó la luz del living un segundo para mirar por la ventana. Su reflejo salió en el vidrio, pero sin sombra detrás. Solo él, solo contra las luces de la calle.
Entonces oyó el roce. No del techo. Debajo de la cama.
Algo se arrastró despacio, como uñas contra la madera… o como dedos tanteando el piso, buscando dónde agarrarse.
Y luego, un susurro:
—Raúl…
Pero no era su nombre. Era la forma en que él lo decía cuando se hablaba a sí mismo en voz baja. Su propia voz, imitada desde abajo.
Apagó la laptop de un golpe. Oscuridad total.
Sintió la mirada en la nuca. No venía de la pared. Venía de más cerca. Mucho más cerca.
Raúl ya no se movía.
Porque la sombra ya no lo necesitaba.
Al amanecer la puerta del apartamento estaba entreabierta. Solo un dedo de espacio, como si alguien hubiera querido asegurarse de que podía volver a entrar sin hacer ruido. La habitación en silencio. Sobre la mesa, botellas de whisky vacías, algunas rodando hasta el borde como si las hubieran empujado con prisa. En el piso, vasos volcados, restos de líquido ámbar seco, cigarrillos aplastados. La cama deshecha. La laptop abierta con la pantalla encendida aún.
En el documento de notas que Raúl había dejado abierto, solo había una línea nueva, escrita después de que él apagara la laptop:
“No fue el whisky.
Ella me ve desde adentro ahora.
Y a ti, el que está leyendo esto a oscuras… también te mira.”
Raúl juraría que no tocó el teclado después de eso. Pero las letras estaban ahí, en su archivo, con la hora de edición a las 4:17 AM.
Nadie lo vio salir. Nadie oyó nada después del último paso suave en el techo.
Solo quedaron las botellas… y ese mensaje que Raúl nunca escribió.
Continuará…
¿Qué opinan? ¿Creen que fue solo resaca y Raúl se fue en medio de un delirio? ¿O algo más se quedó con él?
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