Desde que suplanto al pastor y engaño a las ovejas con malabarismos de monos y discursos de loros. A algunos hace tiempo que los despacho y en profundo secreto, los devoro.
Lo que más le divierte, es cuando se presenta ante el rebaño y ladrando o aullando y enardecidas, las tontas ovejas imitan su proceder y terminan aplaudiendo cuáles focas, mientras las hienas y perros a sueldo secuestran la cena y preparan el festín.
No en todas, pero en las más señaladas de las lunas llenas, se reúne con sus pares de similares manadas y comparan resultados y estrategias que mantengan embrutecidas y dormidas a las ovejas.
En un sarao, parlo un lobo gordo y taimado que paso sus trabajos, cuando lo atrapo un cazador. Logro escapar y rehacerse con su lugar, y en jugada taimada, hacer alianza con las zorras que juegan a ser imparciales en cortes de animales, donde siempre atrapan al ratón.
Orden y tranquilidad en el prado, se celebran los astutos depredadores por el orden establecido en que desplazaron a los nobles leones.
Las ovejas murmuran y balan sin que caso les hagan, es su naturaleza, pero llega el día, no en la noche.
Se pone en marcha el rebaño, rodeando la colina. Están en círculos, formados: perros, lobos, hienas y hasta las zorras saciadas de tanta carne devorada.
Algunas patas de ovejas mordidas, son tantas que han machacado a las fieras, hechas puré, donde se confunde la piel, los pelos y la sangre fétida, roja, que cubre la colina.
El lobo alfa está solo en medio de un mar de lana blanca a luz de las estrellas. El amanecer revela teñidas en sangre sus patas, a él no lo van a aplastar, no. Lo van a devorar en sagrada comunión, ya no son herbívoras.
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