¿Quién me ayudará sin tildarme de loco? ¿Tendré ataques de pánico, o un colapso de nervios? ¡Qué escalofríos siento! No puedo dormir, sin ahogarme. La sequedad de garganta, y ese chillido constante que solo yo escucho, me enloquece. Pregunto… ¡Lo oyen! Pero nada: rostros impávidos.
¡Dios mío, quítame este azogue! ¡Necesito caminar con urgencia y sin rumbo! En el espejo, una figura esquelética me mira sorprendido. ¡Una enfermedad, u otra cosa, me seca con una lenta agonía! ¡Hasta cuando mantendré la cordura!
¡Tengo miedo! ¿De qué…?
El miedo es una reacción instintiva, una alerta de peligro. Pero al mío no le veo sentido. No me deja dormir, ni estarme quieto en ninguna parte.
Mi amigo psiquiatra dice: nadie te puede ayudar, no acudas a la religión, ni a rezos reiterados, ni a la medicación. De nada te servirá, solo la fuerza de voluntad puede salvarte de la trampa de la locura. Si fallas, todos te abandonaran.
En agonía pasé cientos de días sin pegar el ojo. No veo a mi enemigo, pero sé que allí está, acechándome, haciéndome huir sin rumbo a cualquier hora lejos de la seguridad. Ya despierto, lástima en quienes me aprecian, y satisfacción, en quienes me odian, con o sin razón.
Con los ojos cerrados habló con Dios, mientras los escalofríos me inundan al recordar los pecados inconfesables. ¡No es ese dios que pregonan en las iglesias, no! No lo escucho, ni veo, pero sé que los escalofríos son demoníacos, quizás, saliendo de mí, ya que me acompañan desde la infancia, cuando dejé la inocencia y caí en concupiscencia.
¡Cielos!, ¿qué es esto, mensajes de suicidio en mi celular? Coincidencia. ¡Claro que no…! Mis enemigos no son tan etéreos, al parecer. Libro una batalla más allá de la locura. Mi alma está en peligro. Si mi amigo, el psiquiatra, tiene razón, estaría perdido, sin nadie quien me ayude. Ellos están allí, secándome, atormentándome. Pero también ÉL está, presto a ayudarme tras mi arrepentimiento, no obligado por el martirio de temer, a no sé quién, o qué.
Gracias Dios por ayudarme. Al fin veo la luz.
Fin
Imagen de Pete Linforth en Pixabay y titulado en Keynote