Hay un mundo desconocido que supera toda la compresión de la vida, es un concepto abstracto que ha provocado pavor y terror en los corazones que laten todos los días.
Ese lugar es un destino inevitable al que se llegara tarde o temprano, un viaje sin retorno hacia el interior del abismo.
Un páramo desolado e inhóspito que se extiende hasta el infinito, es el final: en donde la tierra es gris y la niebla lo cubre todo eternamente... Ahí, existir es la tortura interminable.
No sé cuánto tiempo llevo en este frío lugar. No importa a dónde vaya, me siento irremediablemente perdido. Una niebla espesa lo cubre todo, nunca se disipa, y en medio de esta blancura es muy fácil perder el sentido de la orientación. Camino de un lado a otro sin perder el aliento, pero no llego a ningún lado en este desierto grisáceo.
Solo quiero regresar a casa, pero no sé cómo hacerlo... No importa hacia dónde camine o cuánto corra tratando de escapar de esta soledad, siempre termino exactamente en el mismo lugar: Es un mundo inmenso completamente desolado. O eso creo...
Mi mente comienza a fragmentarse, ya no puedo recordar con claridad quien soy, poco a poco tiendo a olvidar cosas que sé que son importantes. Cosas como mi nombre...
Hace apenas unos instantes, me di cuenta de algo escalofriante: no puedo recordar mi propio nombre.
Trato de forzar mi memoria para aferrarme a algo real. Lo último que recuerdo antes de terminar aquí era el sonido estridente de una sirena. Estaba de camino al hospital, en la parte trasera de una ambulancia. Creo que estaba muy enfermo; recuerdo que el pecho me ardía, me asfixiaba y luego todo se volvió borroso.
Pero aquí me siento mucho mejor. De hecho, al llevarme la mano al pecho, noto que no siento absolutamente nada. No hay dolor. Apenas puedo notar el aire helado.
Alzo mi mano frente a mis ojos y veo cómo la niebla gris atraviesa mis dedos transparentes...
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