Cuando los aldeanos quemaban a quienes acusaban practicar la brujería, antes de morir, estas así llamadas hechiceras de la oscuridad clamaban el verdadero nombre del peor demonio del infierno y se consumían en las llamas.
La leyenda habla de un antiguo ser diabólico que desea la destrucción de toda forma de vida para adueñarse de todo lo que quedara una vez que nadie pueda oponerse a su voluntad.
Desde tiempos lejanos esta a la espera de una oportunidad para acensar a nuestro mundo y aniquilarnos...
Por suerte, la única forma de invocar a ese ser es a través de un ritual ya olvidado y es necesario pronunciar el nombre del heraldo del más allá, pero en este siglo nadie a oído hablar de él...
En la habitación de Sabrina, el aburrimiento reinaba en la pijamada. La película de terror que veía el grupo de chicas no asustaban a nadie. Fue entonces cuando Camila tuvo la brillante y fatídica idea:
"Oigan ¿Y si practicamos brujería de verdad?"
Sin pensárselo mucho, Sabrina le puso pausa a la película y dijo:
"Sabes qué... Hagamoslo"
Las chicas sacaron sus teléfonos y navegaron por oscuros foros de internet hasta encontrar un extraño tutorial que prometía enseñarles a invocar a un antiguo ser del inframundo llamado Zayvalo.
Sin tomárselo en serio, dibujaron un pentagrama en el centro del piso de la habitación. Sabrina, Camila y Lucía se sentaron en cada extremo, entrelazaron sus manos y cerraron los ojos.
"Zayvalo. Zayvalo. Zayvalo..." comenzaron a repetir como un mantra.
Al principio lo decían entre risitas, pero pronto entraron en una especie de trance. Repitieron el nombre del demonio en voz alta hasta el cansancio, sus voces se quebraron por completo y el aire en la habitación se volvió gélido.
De repente, el centro del pentagrama se rasgó como si fuera tela. Una fuerza diabólica emergió del suelo en forma de un espeso humo negro que inundó la habitación. Las chicas intentaron gritar y soltarse, pero la nube oscura se abalanzó sobre ellas, metiéndose a la fuerza por sus fosas nasales y bocas. El humo las ahogó. Cayeron al suelo con los ojos en blanco, fueron asfixiadas hasta la muerte.
Pero el silencio duró apenas unos segundos. Sus cuerpos sin vida comenzaron a retorcerse con espasmos sobrenaturales. Lentamente, las tres amigas se levantaron del piso, sus rostros no mostraban ninguna emoción, ni siquiera miedo, sus miradas estaban vacías, se habían transformado en cadáveres vivientes.
El humo negro no se detuvo allí. Atravesó las paredes y rompió las ventanas, propagándose por toda la casa hasta difundirse por el vecindario entero.
Las calles se cubrieron de oscuridad absoluta. El suelo comenzó a temblar hasta agrietar el asfalto... Y de pronto.
De la infinita humareda emergió una figura gigantesca: un titán colosal con cuernos retorcidos. Era Zayvalo en persona, el peor demonio de las profundidades del infierno. Su poder no solo había traído oscuridad; su mera presencia levantaba a los muertos de la tierra circundante.
Al final, Zayvalo rugió triunfante, contemplando a cientos de nuevos cadáveres reanimados, listos para servirle como sus esclavos eternos.
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