Lo que leerás a continuación esta basado en una pesadilla experimentada por su servidor.
Como autor de este relato, quiero compartir contigo esta experiencia tan aterradora para que puedas darle un significado.
Espero y deseo que esta noche puedas dormir tranquilo.
Estaba en el pasillo cuatro de un supermercado, sostenía en mis manos un frasco de mayonesa cuando ocurrió...
Un repentino apagón. De un segundo a otro, el supermercado quedo en oscuridad absoluta. Me quedé inmóvil en el pasillo, esperando que los generadores de emergencia se encendieran, pero el silencio se prolongó.
Y entonces, escuche un grito desgarrador. Vino del otro extremo del pasillo, no fue un grito de sorpresa, sino uno cargado de terror, como de alguien que sabe que va a morir. El grito se cortó de forma repentina, se perdió en la oscuridad.
Mis ojos tardaron en adaptarse a la oscuridad, pero vi algo al final del corredor.
De la negrura emergió una figura extraña. Parecía una cabra. Pero estaba completamente seguro de que no era una cabra ordinaria.
Ninguna cabra mide dos metros de altura, era algo completamente antinatural. Lo que me erizo la piel fueron sus ojos rojos que brillaban en la oscuridad.
La criatura giró la cabeza. Me miro directamente.
Mi instinto de supervivencia anuló cualquier pensamiento racional. Solté la mayonesa y corrí lejos.
Mis zapatillas chirriaron contra el suelo mientras me lanzaba por el pasillo. Detrás de mí, escuché el galope. sus pezuñas se acercaban veloces hacia mi.
Me arriesgué a mirar por encima del hombro y casi tropiezo al verlo de cerca.
Esa bestia ya no era una cabra. Mientras corría, su anatomía se transformaba. Vi cómo sus patas delanteras se alargaban, retorciéndose hasta convertirse en patas de araña. Su torso se ensanchó, adoptando una forma humanoide grotesca, pero a pesar de los cambios físicos, mantenía la velocidad.
Giré bruscamente hacia la sección de comida congelada, resbalando un poco en el proceso.
El sonido detrás de mí era como un rugido gutural, húmedo. La bestia se estaba deformando otra vez. Su piel parecía estirarse hasta verse como adefesio imponente: Una gigantesca bola de pelos con unos cuernos de cabra descomunales, curvados y afilados como guadañas.
Yo inhalaba y exhalaba sin pausa, me hiperventilaba. Sabía que no podía huir de ese lugar.
Vi cerca de mi los refrigeradores de bebidas, Sin pensarlo, corrí hasta uno de estos y jalé la manija de la puerta de cristal, tire todo lo que tenia en su interior para hacer espacio, me lancé al interior empujando las botellas de refresco y cerré la puerta de golpe.
La bestia se estrelló contra el cristal apenas un segundo después. El impacto hizo vibrar toda la estructura, y por un momento pensé que el vidrio estallaría justo en mi cara.
La bestia empezó a golpear violentamente el refrigerador, me encogí, cubriéndome la cabeza, esperando mi final. Pero el cristal aguantó.
Levanté la vista, al otro lado, separado de mí por apenas unos centímetros de vidrio transparente, estaba el rostro del monstruo.
Su respiración empañaba el cristal con cada exhalación. Solo se quedo ahí, observándome.
Su rostro era una mezcla impía entre hombre y cabra. Golpeó el cristal una vez más, con violencia, un golpe seco y frustrado. El vidrio se astillo, pero no cedió.
La criatura soltó un sonido que vibró contra la puerta. Sus ojos rojizos me observaban de arriba abajo, como si fuera un trozo de carne en una vitrina, yo estaba fuera de su alcance.
Lentamente apartó la mirada. Dio media vuelta y sus pezuñas chasquearon contra el suelo mientras se alejaba, perdiéndose en las sombras del pasillo derecho.
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