Cuando niña escuchaba a las hadas…
Se escondían en los parques, en nuestras casas solariegas de patios y traspatios, forrado su suelo de césped, flores y árboles frutales.
Vivíamos jugando con la tierra, los abuelos a cuidarla nos enseñaban.
Hoy estamos talando bosques, haciendo piscinas con ríos que apresan
Las plazas cambiaron vergeles por construcciones de cemento.
Vemos solo en ellas famosas obras modernas de hierro, vidrio y acero.
Ya las hadas no se escuchan... dejaron de embellecer arboledas, el mundano ser las asesina a diario al igual que a la fauna y a la flora.
La tierra se reseca y se agrieta no por ser vieja, sino por quitarle el agua que tanto la alimenta.
Ya la hemos desnudado quitándole su ropaje verde, poniéndole marcadas cicatrices por las talas y quemas crueles.
El hombre es el superior de la inteligente especie, y con tristeza comprueba que por costumbres, es el más bestia.
Mata por placer y daña la madre Tierra, asesina la magia de la fantasía y ha ido socavando los más perversos de los placeres, queriendo desplazar a Dios pero sin amor.
Las hadas se fueron pero yo guardo escondidas unas que están a salvo en mi corazón.