Fuente
Salía de mi casa un día
con el sol de compañía
pude observar a un hombre que caminaba
cuando sus lágrimas brotaban
porque no tenía sueldo
- su ropa no recuerdo -
pero sí su triste mirada.
Me puse a conversar con él
y al mismo tiempo lo aconsejaba.
Se recuperó y se fue más tranquilo.
Seguí caminando por ese mismo hilo
y choqué con otro vecino.
Su nombre es Paulino.
Él trabaja mucho y tiene fuerza de toro
lo único malo es
que habla tanto o más que un loro.
Traté de cortar la conversación rapidito
pero fue imposible porque se me quedó al laíto.
Así seguimos el camino.
Al cruzar la acera me encontré con Rosa Montesinos.
Ella es buena gente y muy generosa
pero con la lengua larga. Es muy peligrosa.
En pocos minutos me habló
de la comunidad entera
y el otro metiendo el ojo
con el pescuezo de pantera.
Pero ¿Qué puedo hacer
para cambiar sus maneras?
¡Si en las circunstancias bien fuertes
los tengo ahí
incondicionales, de frente!
Ahora...¡Paren la oreja!
Así tus vecinitos parezcan comadrejas
se te instalen en tus rejas
y no tengan nada de prudencia
valóralos, pues con ellos cuentas
y siempre te estarán ayudando
en cualquier emergencia.
Si tus parientes viven lejos
en la hora de las chiquitas
contarás con tus vecinos
¡Tu familia más cerquita!