Existen muchísimos estudios científicos (y sí, no es palabrería barata) que respaldan los múltiples beneficios que existen para los niños al relacionarse con los animales. Bien sea en término de mascotas, o como cuando aprenden a convivir y entender a la diversidad que vemos en la naturaleza; vamos, me refiero a los animales salvajes, o no domésticos que todos hemos visto y que todos sabemos de una u otra manera. Entonces, revisando mis archivos de la galería de la compu, me topé con fotos de mi hija y de su gatita, Elsa. Aquí les relataré la historia de los dos y cómo ha mejorado el comportamiento de mi niña desde que tiene una gatita de mascota.
Nosotros, los padres, desde que nuestros hijos son pequeños, notamos lo que les va a gustar cuando crezcan. Y yo, como madre, vi casi desde el inicio cómo mi hija siempre se sentía increíblemente cómoda en compañía de los animales. En casa, siempre crecimos rodeadas de ellos. Gatitos callejeros que alimentaba (y aún alimento), perritos ("Chiquita, fue mi perrita por más de 14 años".) y la presencia de tortuguitas en el jardín que aunque lentas, siempre son fascinantes para ver y aprender.
Ahora bien, mi hija nunca fue una niña problemática. No lloraba en exceso siendo bebé, casi nunca presentó resistencia al momento de ser alimentaba y siempre fue una niña de rutinas. A cierta hora despertaba en las mañanas, y lo mismo sucedía a la hora de tomar siestas y dormir por las noches. Pero lo que sí jamás vi en ella, fue ver cómo reaccionaría cuando estuviese a cargo de la vida y el cuidado de un animal, de una mascota. Este fue el evento que lo cambió todo.
El tiempo pasó, y un día decidí que era el momento de probar el carácter de mi hija. Y al mismo tiempo, aprovechar para enseñarle el significado de responsabilidad y compromiso. Le dije, aún lo recuerdo bien, "Nena, esta gatita que hoy te obsequio, queda a tu responsabilidad. Tendrás que limpiar lo que ensucie, jugar con ella, cuidarla y alimentarla. Todos los días, sin excepción". Jamás olvidaré su rostro de emoción pero también de cierta confusión. Ya saben, como un niño común y corriente podría reaccionar...
Desde aquel momento vi en ella un nivel de compromiso, entrega y amor que me enorgullece. La relación entre Elsa (sí, ella la nombró así en honor a su película favorita. Y sí, todos sabemos cuál es, jaja) y ella no sólo la hizo más madura e inteligente a mi pequeña nena de 8 años, sino que le enseñó una lección profunda; que los animales no son juguetes; que merecen respeto, independencia y cuidados. No quiero pecar de exagerada, pero en muy pocos niños he visto esas simples "reglas" puestas en práctica.
Mi hija aprendió sus rutinas y sabé que debe cambiarle el agua a Elsa, también peinarla y cada 15 días, con mi ayuda, ducharla y cortarle las uñas. Cada semana vamos al súper mercado y renovamos su alimento. Desde croquetas hasta proteínas, como bandejas de pescado. Es tal la influencia de ser responsable de la gatita, que ha llegado al punto de influir en lo que ella considera para su propio futuro. Un día me dijo, "me gustaría saber más sobre los animales, mami. Creo que quiero ser veterinaria cuando crezca". Esa confesión me conmovió, no les mentiré.
Consume contenido de NatGeo Wild y NatGeo Kids (canales en YouTube y por televisión por cable que transmite contenido en materia animal) y comunica su aprendizaje hacia los compañeros de clases y amigos. Elsa es una gatita feliz, saludable, llena de amor y cuidados. Hace un mes fue esterilizada para prevenir los males que sufren las hembras de los gatos. Puedo decir que mi hija y ella son un equipo y se nota. No sólo se compaginan sino que es hermoso como un acto cotidiano (tener una mascota) puede ser una enseñanza profunda y honda en el ser de un ser humano, en su etapa de formación, desde que son pequeños aprendiendo a amar a los animales.
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