Hola mis queridos amigos, les saludo con alegría deseándoles el mayor de los éxitos éste y todos sus días.
Hoy les he traído un relato corto, basado en una historia real que se enmarca en los cambios socioeconómicos de un país. Sin embargo ha nacido como una historia fantástica llena de fantasía y color, espero que la disfruten.
La Princesa que Renunció al Amor por Amor
El reino de Velanezue era un reino muy próspero con una naturaleza imponente, sus habitantes podían entrar y salir de él a su antojo y fluía la alegría como las aguas de sus ríos.
La reina Libertad crió con esmero después de morir el rey a sus dos hermosas hijas. Las princesas crecieron siendo admiradas por su belleza y su virtud. Al nacer, el cielo les otorgó atributos especiales y aunque la reina nunca lo contó a nadie, todos podían notarlo.
La hija mayor renuente a la idea del matrimonio por haber recibido ciertos atributos místicos y vocación por las Bellas Artes, desdeñada a sus pretendientes sin siquiera verlos, hasta que un día para sorpresa de todo el reino, anunció sus bodas, las cuales se llevaron a cabo por todo lo alto y luego partió a una provincia lejana, a cumplir con una misión que por Providencia Divina le había sido encomendada a la feliz pareja. Al despedirse llamó a su hermana en secreto y le dijo: "Hermana el futuro torrencial se aproxima velozmente, las tinieblas, el mal. Tú vida y la mía, el reino entero, todo está en juego."
Así se despidió abrazando y besando a su hermana, a su madre y a su abuela, la reina madre.
Rocío Flor de Liz, que así se llamaba la princesa menor, quedó pasmada, pero no era la primera vez que su hermana hablaba de aquella forma misteriosa. Por algunos días estuvo pensando en aquello, pero lejos estaba de imaginar lo que se avecinaba.
La princesa Rocío había sido dotada de muchas y valiosas cualidades que en ella vivían como lijeras gotas de: amor, bondad, lealtad, sabiduría, mansedumbre y altruismo que refrescaban y admiraban a quienes la rodeaban. Pero su corazón albergaba un secreto, era un deseo que había nacido a muy temprana edad y con el paso de los años crecía y crecía sin que ella pudiera evitarlo.
Ella anhelaba amar y ser amada, con todas sus fuerzas deseada entregar su corazón a un hombre digno de merecerle, sin importar que fuera un príncipe o un noble, pues por una sabiduría extraordinaria mayor a sus años, había descubierto que los mayores tesoros no se miden en riquezas materiales ni en títulos. Pero los años pasaban sin que a su puerta llegará el amor, sólo príncipes arrogantes y superficiales que la decepcionaban de la realeza.
Por las noches el corazón de la princesa Rocío parecia una brasa viva, sólo su diario era conocedor del mal que la aquejaba. Así pasaron muchas lunas y muchas páginas de desesperación fueron escritas, páginas de anhelos, de sueños, de historias sin protagonista y con un mismo final ya borroso de tantas lágrimas: "Aún no encuentro el amor."
Sólo las bondades que realizaba por sus súbditos la alejaban de su mal, sobretodo cuidar de los enfermos y dotar de medicinas a los pobres y necesitados. Así pasaba sus días.
Un día, una nube muy densa cubrió todo el país. Una maldición roja había sido arrojada sobre el reino y todo cambió. Los ríos se secaron, las cosechas se dañaron, las plantas medicinales se secaron y una gran hambre y dolor se apoderaron de esas tierras.
Los venalezuenos no sabían que hacer, ahora tenían que hacer largas colas para recibir una ración diaria de alimento. Su fisionomía empezó a cambiar por el hambre, en pocos años la gente comenzó a parecer más vieja por las carnes menguadas y el ceño fruncido. El reino se consumía al igual que sus habitantes, los cuales con gran dolor partían rumbo a lo desconocido en busca de un futuro mejor.
La maldición también entró al palacio, una terrible enfermedad se apoderó de la reina y cayó en cama, nunca se imaginó la familia real que no tendrían los medios económicos para conseguir ni siquiera los alimentos básicos. Lo peor de toda aquella situación era que la vida de la reina pendía de un hilo, su relativa salud dependía de un elixir muy costoso y sólo quedaba la dosis para diez días.
La princesa Rocío Flor de Liz, había escuchado hablar de una tierra muy muy lejana pero muy próspera, donde abundaban ricos minerales y el preciado oro, un reino llamado Zile, una tierra de clima muy frío dónde hasta el mar era helado, pero la gente era cálida y grata. Podría trabajar sin descubrir su verdadera identidad, pero, ¿cómo iría? ¿con quién? ¿a dónde llegaría?
La princesa Rocío estaba desesperada, nunca había sentido tanta angustia, tanto miedo, su madre podía morir. Subió a la más alta torre del Palacio y pensó en su hermana, quería contarle del inminente peligro, pero ella estaba muy lejos y viviendo los estragos de la crisis...
En ese momento, se posó a su lado, una pequeña paloma, en su patita llevaba una nota, era de su hermana y decía: "Hermana, me has llamado con el pensamiento, ha llegado la hora, no tengas miedo, sólo sé tú misma, esta noche recibiras una visita."
Con esta enigmática carta Rocío bajó y salió a las afueras del palacio el cual estaba ubicado frente al mar. Caminó y caminó largas horas por la arena cuando vio ya de noche a una humilde anciana tirada en el camino.
Se aproximó corriendo hacia ella para ayudarle, le preguntó cómo se sentía, la ancianita le dijo que tenía mucha hambre y ya no poseía nada de valor para vender y obtener sus alimentos. Rocío sin pensarlo dos veces se quitó su anillo y se lo obsequio. La anciana le dijo: "Hermosa princesa como demostraste ser buena y generosa, hoy obtendrás la solución a tus problemas. Esta misma noche puedo llevarte muy lejos de aquí. Yo voy a encontrarme con mi esposo, él me espera en Zile, así vivirás conmigo y mis hijos, comerás de lo que yo coma y beberás de lo que yo beba. Allá no te faltará nada."
_¿Cómo puede ser esto posible querida abuelita? ¿Como tú pudieras hacer eso? - sonrío con dulzura y compasión la princesa- Pero ante sus ojos ocurrió algo asombroso.
La anciana se transformó en un ave gigantesca y hermosa, sus colores iridiscentes fulguraban con la luz de la luna y Rocío supo que todo lo que decía era verdad, así que sin dudar le dijo que sí que se sentía honrada portal honor.
El ave le dijo: "No tan rápido princesa, hay algo que debes saber"
Le explicó que tenía ante sí dos opciones: o satisfacer su más grande anhelo y conocer el amor verdadero, pero olvidarse para siempre de su madre su abuela su hermana y su reino; o trabajar sin descanso para obtener las medicinas de la reina enviarles alimento y ayudar a las habitantes del país, pero olvidarse para siempre del amor.
La princesa Rocío con profunda tristeza, le dio la espalda a la majestuosa ave, bajó la cabeza por unos instantes, luego levantó la mirada hacia el mar, caminó hacia él, Se sacó el corazón y lo arrojó al viento. Miró al ave directo a los ojos y le dijo: "Estoy lista".
Princesa y criatura mítica viajaron juntas días y noches enteras, cruzaron tres reinos en siete días, hasta que finalmente llegaron a su destino, el reino de Zile, la tierra de las oportunidades.
El ave, le dijo: "Querida princesa, hoy comienzas tus trabajos en el Palacio, ya todo está arreglado. Tú trabajarás en el jardín, atenderás las flores, podaras sus ramas y las cuidarás, pero por las noches vendrás a dormir a nuestra casa."
Fue así como la princesa Rocío Flor de Liz, llegó con la primera luz del Alba a trabajar al castillo, delgada, temblorosa, débil y muy triste. Ella sabía que por muy duro que trabajara a su madre sólo le quedaba elixir de vida para dos días, aunque estaba agradecida a los cielos por tantas bondades, su angustia era tal que al morir la tarde se fue a un rincón del jardín y rompió a llorar.
Justo en ese momento el príncipe Gabriel de Alfaro, único heredero al trono y que desconocía completamente el por qué de la hermosa doncella en su jardín, quedó prendado con la visión.
No lo impresionó su belleza, aunque era digna de admirar, lo conmovió profundamente su llanto, su fragilidad.
El príncipe poseía un noble corazón, bondad, generosidad y humildad. Pero aunque poseía todas esas cualidades, aún no se había casado por no encontrar el amor. Un sinfín de doncellas adornaban su reino, también había conocido a varias princesas, pero ninguna había logrado despertar en él, un sentimiento puro.
Pero los años pasaban y a los Reyes, así como los ancianos y consejeros, les preocupaba, que el príncipe continuara soltero, en vista de ser el único heredero al trono. Esa tarde justamente, el príncipe Alfaro estaba haciendo los preparativos para ir a conocer por petición de los reyes y de su mejor amigo, un joven consejero, a una hermosa princesa. Él veía estas salidas, como portunidad de librarse de sus responsabilidades gubernamentales y aprovechaba divertido las ocurrencias por no llamar citas a ciegas orquestadas por sus padres. Pero él sabía en lo más profundo de su corazón que quizá nunca encontraría a una mujer tan pura, noble y bondadosa a la que pudiera amar profundamente. Pero esa tarde, absorto quedó ante tanta ternura.
La princesa Rocío ya había secado sus lágrimas, acarició algunas rosas y se quedó con la mirada perdida en el horizonte. En ese momento el príncipe se acercó.
Ella inmediatamente se levantó, bajó la cabeza y espero escucharle.
_¿Quién eres? -le dijo el príncipe- ¿Cuál es tu nombre? ¿por qué estás aquí?
Ella sin mirarlo a los ojos, contestó a sus preguntas, sólo ocultando su identidad, le contó sobre su madre enferma y de escasos recursos que estaba apunto de morir.
Como se había arrancado el corazón y ya no podía pensar en otra cosa que no fuera su familia y su país, ni siquiera miró al príncipe a los ojos mientras hablaba. El príncipe le dijo que no tenía de qué preocuparse, que en su reino existía un médico de conocimientos ancestrales, que prepararía inmediatamente un elixir de vida y a la mañana siguiente a primera hora, Onims su guerrero dragón, capaz de viajar a la velocidad de la luz lo llevaría, hasta su propia casa. La princesa levantó los ojos asombrada.
"No temas" -le dijo el príncipe-, "Él también toma forma humana, vive con su esposa Arenk y sus hijos a las afueras del palacio, son seres de luz,
que nos sirven más por amistad y cariño que por un favor que nuestros antepasados les hicieron, no hay nada que temer"
Rocío comprendió que eran los seres inmortales con los que ella vivía, sintió un gran alivio y una gran tranquilidad al saber que su madre la reina, estaría bien, agradeció profundamente al príncipe y pidió permiso para retirarse.
El príncipe no salía de su asombro al ver tanta humildad sencillez y aquellos ojos tan profundamente tristes. Pero debía partir al día siguiente y ahora debía encomendar al guerrero dragón, otra misión, le pidió que además investigara la procedencia de la doncella Rocío. Que trajera una carta firmada y sellada por los ancianos y consejeros del reino de Velanezue, donde detalladamente escribieran la procedencia de esta joven. También envio muchos suministros de medicinas y alimentos, para la reina y su princesa, pues, aunque no las conocía en persona, hasta sus Tierras habían llegado las terrible noticias del hambre que azotaba a ese país.
Así al día siguiente, el guerrero dragón voló a Velanezue con los primeros rayos del sol y el príncipe partió con sus amigos a la Argentina, un país vecino. Allá permaneció un mes entero, sus amigos no dejaban de hablarle de la princesa argentina y aunque era muy bella y aunque lo recibieron con toda la gala digna de su investidura, no halló el príncipe Gabriel de Alfaro, en la princesa nada que lea trajera. Era como una de las tantas princesas que anteriormente había conocido, no dejaba de pensar sin embargo, en aquella doncella a la que solamente había visto una sola vez.
¿Cómo podía inspirarle tanta ternura?En el fondo de sus huesos ardía un fuerte deseó por protegerla, cuidarla y... ¿Amarla? ¿Sería posible? ¿Había llegado por fin el amor a su vida? Él no podía creerlo, pero su corazón se acelera al recordarla, su sangre parecía hervir dentro de él. Ya casi iba a cumplir un mes en este país y la imagen del hermosa doncella llorando en su jardín a la luz del crepúsculo y en medio de las rosas lo acosaba de noche y día. No lo resistió más, con gran vergüenza, declinó la invitación de quedarse tres meses más, por fingirse enfermo, realmente estaba enfermo de amor.
Al llegar, fue recibido con gran júbilo por todos sus súbditos y por tres meses exactos el príncipe, no perdía ocasión de aproximarse a la doncella.
Él no había querido saber la respuesta que había traído consigo el guerrero dragón, ya no quería saber quién era de dónde procedía, solamente sabía que quería permanecer a su lado por el resto de la vida. Ella era todo lo que él siempre había anhelado: altruista, generosa, bondadosa y de una gran virtud y castidad.
La doncella durante esos tres meses, lo observaba con gran tristeza, sabiendo que nunca el príncipe se fijaría en ella, que su amor a los suyos, estaba por encima de cualquier pasión. Convencida de que a ella se le había negado el amor, no se atrevía a mirarlo a los ojos, sólo sonreía o se ruborizada si él dirigiale alguna palabra, casi huyendo luego. No se imaginaba que despertaba las más fuertes pasiones y puros sentimientos en él.
El príncipe completamente decidido a hacerla su esposa, convocó a una reunión extraordinaria en el magno salón imperial con sus padres los Reyes, con los ancianos y consejeros. Cuando estaban todos reunidos anunció su decisión, se armó un gran revuelo. Los Reyes pensaron que había perdido el juicio, cómo iba a casarse con una humilde campesina. Cierto era que la joven Rocío, se había ganado el amor de todos en el Palacio por desplegar tantas y tan hermosas cualidades, pero era sólo una plebeya inmigrante y apenas tenía tres meses de haberla conocido.
El rey con voz fuerte inmediatamente exigió que se hiciera una profunda investigación de su procedencia. A lo
que él príncipe alegó ya tener la información,en una carta, que no había querido leer, porque no le importaba para nada el origen de su casta.
El rey mandó a llamar el guerrero dragón y le pidió que le entregará la carta a uno de los ancianos para que pudiera leer en voz alta el contenido de aquella carta.
La carta debidamente cerrada y sellada con el sello real de Velanezue, redacta por el anciano coordinador fue abierta y leída en voz alta.
En ella se explicaba, que la joven doncella que tenían cuidando su jardín, era nada más y nada menos que la princesa Rocío Flor de Liz del Reino de Velanezue, que renunciando a las comodidades del palacio, a su propio corazón y en beneficio de la reina Libertad, la reina madre de noventa años y sus súbditos, había partido de forma milagrosa como premio a su bondad a éste reino suyo Zile.
Los Reyes y el consejo no podían salir de su asombro, el cielo les estaba otorgando al príncipe Gabriel de Alfaro y a la princesa Rocío la bendición de disfrutar del amor verdadero, como premio a su bondad humildad y lealtad. Todos rompieron en aplausos de alegría.
Al día siguiente el príncipe, hizo llevar a la princesa Rocío a la Torre El Loa, donde el viento sopla alejando las tristezas y su sonido aviva la pasión.
Allí el príncipe le dió una caja encantada de la que la princesa iba sacando varias notas, en ellas se le explicaba que por haber sacrificado sus deseos y anteponer el amor por su familia a sus propios intereses el Cielo la premiaba devolviéndole su corazón y otorgándole su bendición. Después de leer la última nota y con lágrimas de emoción, la princesa sacó su corazón que latía aceleradamente y colocándolo dentro de su pecho, escuchó las más puras palabras de amor. Fue así como, a la luz del Crepúsculo como el día en que la conoció, el príncipe Gabriel de Alfaro su único y verdadero amor, le propuso matrimonio.
Los seres inmortales Arenk la hermosa ave y Onims el guerrero dragón, su esposo los observaban de lejos, al ver como la princesa lo aceptaba otorgándole su primer beso, tomaron sus formas fantásticas y con sus hijos comenzaron a volar alrededor de la Torre.
En medio de tanta alegría y para celebrar las bodas, la reina madre y la reina Libertad fueron sacadas del país en donde ya hacía mucho, había sido destronada.
El reino entero celebró con gran júbilo las bodas que duraron una semana.
Los habitantes celebraron, la unión de dos reinos, celebró el amor verdadero y la felicidad de sus gobernantes. Se escribieron libros sobre la historia del amor leal y la devoción a su familia, demostrada por la princesa Rocío Flor de Liz y de cómo había sido premiada por el cielo, por sacrificar su corazón, enseñando que sólo quienes estén dispuesto hacer grandes sacrificios recibirán bendiciones eternas.
Las reinas fueron acogidas en el Palacio y tratadas con el amor y el respeto dignos de su grandeza.
La hermosa pareja vivió feliz disfrutando de su amor y aunque la maldición no se apartaba del Reino de Velanezue y la reina Libertad había sido expatriada de sus dominios, la princesa Rocío continuó exparsiendo ayuda a sus habitantes y fortaleciendo a su hermana, la princesa Esperanza, quien al lado de su esposo el Duque Fe, siguen hasta el día de hoy, hombro a hombro sonteniendo el país.
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