DIOS DISTRAÍDO
Cierta vez, un muchacho muy tímido estaba cómodamente sentado en el sofá de su habitación viendo la televisión.
En ese momento pasaban una publicidad de un desodorante, en el cual un musculoso joven se rociaba el producto sobre su cuerpo y al instante, hermosas y sexys muchachas se acercaban, lo acariciaban y lo besaban.
Entonces corrió a comprarse esa marca de desodorante, lo roció sobre su cuerpo y dijo:
_Oh, Dios, quiero que me ocurra lo que muestra la publicidad.
_Concedido, dijo Dios.
El muchacho esperó un rato, pero viendo que nada ocurría decidió salir a la calle a probar suerte.
Caminando por una calle desconocida para él, observó que al pasar por un centro de jubilados todas las mujeres mayores de 60 años, algunas arrugadas, otras sin dentadura, se arrojaban encima suyo y lo querían besar. El joven empezó a correr, seguido por las viejitas hasta que logró escabullirse y encerrarse en su casa.
Y dijo:
_No, Dios, estás distraído, quiero que se me acerquen mujeres más jóvenes.
_Oh, concedido, volvió a decir Dios.
Al día siguiente el muchacho se colocó el desodorante. Y salió a la calle nuevamente, a la espera de ver acercarse bellas muchachas, pero nada de eso ocurrió. Sin embargo, al pasar por un jardín de infantes, observó que las niñas de 3 a 6 años lo miraban embelesadas y comenzaban a seguirlo, suspirando y gritando por él.
Otra vez corrió a su casa asustado y enojado. Y dijo:
_No. no. no. Dios tonto, quiero mujeres de 18 a 27 años, hermosas y voluptuosas. A lo cual Dios respondió:
_Lo siento, joven, pero este desodorante tiene fecha de vencimiento ya pasada.
Y se lo quitó.
Resignado, salió a la calle con sus olores naturales, suspirando por las ilusiones que se había hecho, cuando una hermosa y exuberante pelirroja le pide fuego, con tan buena onda que luego se fueron a tomar un café.
Al día siguiente el joven termina de hacer algunos ejercicios en el gimnasio, olvidándose de ducharse y sale todo transpirado, y una rubia de ojos verdes de hermosas piernas se le acerca y le pregunta por una dirección. Y después de charlar un rato bastante entusiasmados, se fueron a un albergue transitorio, donde pasaron la mejor tarde de sus vidas.
Entonces vio Dios que esto era bueno, y acto seguido retiró todos los desodorantes del mercado. Y comenzó a jugar con ellos, desodorizando su cuerpo, que no sabemos cuan grande es ni cuantas partes tiene, atrayendo hacia él a todas las Diosas del universo.