Muchas han sido las reacciones frente a la dividida decisión de sancionar moralmente al "canciller" del régimen, el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, la cual terminó en una votación de 53 a favor de la sanción y cuarenta y dos en contra. En este escenario, la mayoría del público de a pie que, percibe a Zapatero, como un mediador que favorece al régimen quedó estupefacta frente a la contradicción evidenciada.
Inmediatamente la reacción visceral -por parte del público- no se hizo esperar. Precisamente, por que no son especialistas ni conocen los vericuetos y sutilezas del mundo de la diplomacia y política internacional. Lo cual debió ser previsto por los diputados opositores a la hora de medir las consecuencias de sus diferencias en cuanto a la forma de ejecutar la sanción.
Particularmente, estoy seguro de que todos los diputados opositores están consciente del daño hecho por Zapatero a la democracia venezolana Y también estoy seguro de su deseo de sancionar a ese sujeto. Independientemente de si algunos lo querían hacer con guante de seda y otros con guante de carnaza.
Pero, también estoy seguro de que los señores diputados aun no están conscientes totalmente de la enorme responsabilidad histórica que les corresponde encarnar en los momentos actuales. Señores diputados no se trata e ustedes y sus "partiduchos". Se trata de todo un país. Pues, ponerse a discutir todo un día, por esas nimiedades y, luego dejar trascender extramuros las razones del desacuerdo, revela una actitud de egoísmo infantil que envía un mal mensaje al pueblo opositor.
Lo peor de todo es asunto es que no salen a dar la cara en grupo para "remendar el capote". Con el argumento de que "no vale la pena" y "porque esa gente de las redes no sabe de alta política". Es verdad, que las mayorías no saben mucho de política. Pero, en este escenario, los más capacitados y los más preparados, deben informar adecuadamente a los liderados para hacer control de daños y reparaciones.
Lo más fácil y cómodo es acusar a las redes sociales por hacer uso de la libertad de expresión, acusando a los pendejos del teclado, en el mejor estilo "Diosdadista" y "Madurista" de ejecutar un "ataque mediático"
No existe tal ataque mediático. Lo que se produjo fue una reacción natural de la audiencia, ante la incertidumbre generada por una actitud de egoísmo que emergió cuando las masas democráticas sólo esperan mensajes y ejemplos de cohesión y unidad. Nadie esperaba que a estas alturas del juego, en los que se reclama hasta la saciedad, la necesidad de integrar y unir al liderazgo opositor. Se produjera un impase originado en una cuestión de forma y estilo.
La reacción del público es resultado de la incapacidad del liderazgo opositor vigente para comunicarse y comunicar. Tanto en lo interno -entre los actores- y hacia lo externo -con las audiencias y públicos-. Independientemente de los motivos, procedimientos y formas. El mensaje que transmitieron fue: "Somos incapaces de ponernos de acuerdo para aprobar una moción".
Los receptores procesamos ese mensaje y pensamos: Si no son capaces de ponerse de acuerdo en una pendejada como esa ¿Cómo se pondrán de acuerdo para sacar al narco régimen. Eso es todo.
Particularmente creo que, desde que ganamos el Asamblea Nacional, se han producido –de cara al público elector– una serie de errores gafos sustentados en fallas del proceso comunicacional. Pareciera que el liderazgo opositor vigente no sabe comunicar y no acepta asesorías para ello.