Miró hacia atrás.
Observó lo que mas le dolía, lo que siempre le importó, lo que siempre pensó, lo que jamás tuvo.
Su mirada estaba sobre su gran amor platónico. Divisó a quien le causó tantas tristezas y dolores de cabeza. Entonces lo hizo, lloró. Lloró por vigésima vez aunque se había prometido no llorar por ninguna clase de ser viviente de sexo masculino, pero sus ganas de llorar eran más poderosas que su mente, fue ahí cuando lo recordó .
Recordó lo hermosa que era su vida. Recordó a sus amigos, los pocos que tenia... Y al amor que le brindaba su familia. Entonces secó sus lágrimas y devolvió su mirada al frente.
Y sonrió, porque la vida seguía y ella lo sabía. Ahora todo sería mejor.
"No importa cuantas veces te hundas, siempre debes salir a flote".
Escrito por: González Desirée