Cuando empecé a ir a la montaña con compañeros de la infancia, apenas alcanzaba caminar unos pocos kilómetros, tan solo compartíamos comida, chistes, y de ello seguro hacíamos un buen recuerdo.
Con el pasar del tiempo, ir a la montaña no solo era un pasatiempo con el que solía disfrutar, sino que sentía que estaba empezando a conocerme, ¿cómo así?, sí, empecé a notar que experimentaba ciertas sensaciones que solo ahí había tenido.
Mi fiebre por la montaña hizo que todos los fines de semana, mi mochila estuviera llena y ansiosa por ir a recorrer todos esos valles. Tanto así, que quise escalar el pico Bolívar, sí, el pico más alto de Venezuela, y pensar que aún era una inexperta, pues mi única experiencia para ese momento, era tan solo haber subido un “picacho”.
Recuerdo que una vez en conversación con mi padre, le dije:
-"¡Papá!, quiero escalar el pico Bolívar"
A lo que me respondió:
"Estás loca, para llegar allá es escalando, no es solo caminando".
Con el tiempo conocí a un grupo de montañistas, me entusiasmé con la idea de poder unirme a ellos, y así fue. Empecé a conocer diferentes sitios de Mérida, que ni remota idea de que existían. ¡Créanme! si antes experimentaba sensaciones increíbles, en este etapa me sentía aun más extasiada.
Transcurrido un par de meses en este grupo, el presidente del club, programó una cordada femenina, me alegraba la idea, pero recordaba las palabras de mi padre y sabía que no podría ir. Aún recuerdo que me sentía nostálgica, pues todos empezaban a hacer el preparativo.
Ahora recuerdo que alguien me dijo :
"deberías ir a la escalada"
Pues ahora la que no queria ir, era yo, tenia miedo, esa persona me insistió, creía en mí, era mi papá. Créanme que no es porque haya sido el pico más alto de Venezuela, pero la gloria que he encontrado al escalarlo ha sido lo máximo.
Mediante este artículo lo que he querido reflejar, es que si lo quieres lo puedes, un año antes de ir al Bolívar era tan solo un sueño por cumplir, ya hoy es una realidad.
La pasión por el montañismo ha tomado otra perspectiva en mi vida, tanto así, que logró cambiarme de carrera, y ahora estudio ingeniería geológica.
He desbloqueado ciertas habilidades gracias al montañismo, soy practicante de la empatía, el compartir, ayudar, ser solidaria y aún en desarrollo por la capacidad de ser persistente. Me deleito con la música del género balada y soy del tipo de personas que si está por caerse de un risco y aun así sus carcajadas son de soltar, créanme que esto es bueno que lo sepan, no quiero que piensen que me burlo.
Satisfecha con la vida por la familia que me ha brindado, y sin más que escribir, invito a todos a la montaña; porque ¡vivo para vivir y la montaña es vida!
Quien tiene el gusto de presentarse, María José.