Hablar de uno mismo.
Mi nombre es alium, aunque en la no virtualidad de la red me llamo Pablo Santander. Y qué decirles sobre mí...
Estar ocultos tras una pantalla con teclas es estar también expuestos. Porque todo habla sobre nosotros. Estar así, "escondidos" mostrándonos tiene algo de mágico y algo de sórdido, encierra algo escabroso y lascivo, algo secreto; y es un poco soberbio y a la vez intrigante. Es al mismo tiempo, sin que lo sepamos, una maldición autoimpuesta; en este caso montada en lo que sería el escenario de una grotesca cámara Gesell.
Esta prueba, hablar de uno mismo, es exhibir la propia desnudez entre sombras que se niegan a escondernos de la mirada de alguien o de algo que no conocemos. Esta prueba exige necesariamente desdoblarse: para formar parte del grupo de psiquiatras, testigos y forenses abocados a la pérfida labor de juzgar las verdades de un otro, que es por maldición, uno mismo.
Digitar al teclado es mostrarse y ser evaluado en secreto por la propia mirada que trata de ver con los ojos con los que nos vería un desconocido, ser interpelado por la propia conciencia... no sé.
Es la comedia trágica del uno mismo sentado en el interrogatorio que te hace un desconocido sin preguntarte nada. Le hablamos sin saber quién sea, y estamos al mismo tiempo viendo lo que pasa desde el otro lado del espejo, en una habitación contigua, como espiando, en la virtualidad caprichosa de esa extraña cámara Gesell en la que hemos quedado atrapados pero en cuartos separados.
En esta abstracción juzgamos nuestra desnudez frente al tercero: en este caso tú, leyendo estas líneas.
Entonces ¿que quién soy?
Soy quien se mira a sí mismo, soy quien se lee y en paralelo quien se relata para leerse. Soy en definitiva escritor. Y debo decir que me gusta la prensa, pero la cierta, la limpia, la seria, la compartida. Me gusta escribir. Y me propongo trabajar en ello en esta red social.
Pero más que eso diría que soy un pensador, un lógico, algo así como un bizarro matemático del razonamiento lingüístico. Un inspector desabrochado de lo que se oculta en lo profundo de la vida.
Pero te diría más aún; lo más importante. Soy alguien como tú. Una persona que ríe, llora, sufre y teme, bebe, conversa, medita, agradece, espera, sueña, convida y se envilece. Soy una de tantas estrellas, que brillan sin que sepas que existimos hasta que nos encontramos. Soy una estrella tanto como tú. Brillo con mi luz tanto como tú seguro brillas con la tuya, siempre más o menos que alguien más. Porque todos somos más o menos brillantes, pero siempre según desde dónde se nos mire: porque todos somos a la vez luz y sombras.
Y es que somos tan diferentes e iguales, tan distintos y a la vez una misma postal infinita. Juntos somos firmamento de estrellas: cada quien único, irrepetible y más o menos eterno a los ojos del resto.
Al fin y al cabo, qué importa quién sea yo, si lo que vale es lo que tú quieras saber de mí. Puedo decirte que soy alguien como tú, con intenciones, sufrimientos, deseos y frustraciones. Me gusta que hablemos, que nos desvelemos trasnochados juntos, cerveza en mano, contando amores y odios a la luna. Y para eso estoy aquí. Me gusta que me hagas preguntas para pensar en cuál sería la mejor respuesta, descubrir en lo que digas lo que en el fondo te estás preguntando, conocer lo que estás dando por sentado y descubrirlo juntos, como viejos amigos que podríamos llegar a ser.
Me presento. Soy argentino, un empleado más, uno tipo, aspirante aveces con dificultades a feliz, soy un eterno aprendiz y un emprendedor de negocios y esfuerzos compartidos, soy comunicador social egresado y ya casi soy abogado, también soy músico, toco el piano, compongo si puedo, pienso, pienso, pienso, me gusta la prensa escrita, suelo mirar al cielo, soy otro compañero de viaje al lado tuyo: hoy nos hemos cruzado y me alegro de corazón. Estoy tan desnudo como cualquiera mientras camino y espero. Te agradezco por escuchar y acompañar mi viaje desde nuestro firmamento compartido. Seamos amigos, que me gustaría mucho.