¡Hola a todos!
Mi nombre es Ariana Hernández, pero ustedes pueden llamarme Ariana (I’m Ariana 4 u). Este es mi primer post en Steemit, así que me gustaría comenzar por presentarme como quien realmente soy: una amante de Dios y de las palabras.
Mi amor por las palabras surgió mucho antes que mi amor por Dios. Me gusta decir que nací con un libro en la mano, porque prácticamente así fue. Aprendí a leer a los 3 años y crecí rodeada de un ambiente lleno de cuentos, mundos posibles e imaginación. Mis familiares solían contarme historias con frecuencia, pero además me gustaba escuchar audiolibros con mis cuentos favoritos y leerlos cuando me encontraba sola. Así que desde pequeña la literatura llegó a mi vida, y lo hizo para quedarse.
No pasó mucho tiempo para que comenzara a crear mis propias historias; desde los juegos con mis barbies en los que les inventaba toda una vida llena de glamour hasta la escritura de mis primeros cuentos. De hecho, con mi primer cuento llamado “La navidad de la familia de grillos” gané el primer lugar en un concurso que realizaban anualmente en mi escuela.
Con el paso de los años seguí leyendo y escribiendo aun más. Mi pasión por las palabras y la literatura creció al punto de llevarme a tomar una de las mayores decisiones de mi vida: estudiar letras. En medio de comentarios como: “te vas a morir de hambre”, “¿qué estudias en letras?, ¿el abecedario?”, “mejor estudia una carrera útil primero”, y frases similares, mi decisión no flaqueó, sino que se fortalecía cada día más.
Pero como no todo es color de rosa, había un gran obstáculo. La única universidad en el país en donde podía estudiar la carrera de mis sueños quedaba en Caracas, la capital de mi país, a casi 600 kilometros del lugar donde vivía. De manera que cumplir mi meta iba a implicar dejar mi casa, mi familia, mis amigos, mi zona de confort y todo lo que conocía para mudarme a la gran urbe de Venezuela.
Así que ahí estaba yo, con 16 años, una mente (y una vida) desordenada, un montón de sueños y mucha inmadurez que me impedía cumplirlos. ¿Cómo iba a mudarme sola a una gran ciudad si aún no era capaz de hacerme responsable de mí misma? ¿Cómo iba a mudarme sola si mi manera de vivir revelaba que no tenía lo necesario para cumplir esta meta?
Fue entonces, en medio de todas estas preguntas, cuando apareció Dios en la historia. Llegó a mi vida para transformarlo todo. Se convirtió en mi mayor anhelo, en mi pasión y mi razón de vivir; me dio una meta mayor que las que tenía hasta ahora y me preparó física, emocional y espiritualmente de tal manera que a los 17 años ya tenía lo que necesitaba al menos para comenzar a caminar rumbo a mi gran meta.
Ahí estaba yo, nuevamente, con 17 años, una mente (y una vida) redimida por Cristo, con un montón de sueños en la maleta y lista para emprender mi viaje. Y ahora, aquí estoy, con 21 años y a punto de que el sueño que me motivó desde el principio se haga realidad. Después de cuatro años de carrera universitaria me he dado cuenta de que la meta no es lo más importante, sino todo lo que he aprendido en el camino.
Este camino me ha regalado experiencias e historias que me gustaría compartir con todas las personas a las que les pueda servir escucharlas. Así que esa es la razón principal por la que estoy aquí. Me gustaría advertir desde el principio que escribiré como si nadie me estuviese leyendo, que aquí solo leerán las palabras de un corazón apasionado por Dios y por las palabras.
Si aun sabiendo esto deciden seguirme, entonces les ofrezco una cálida bienvenida. Les invito a que nos sentemos con un café virtual y compartamos lo que nos apasiona, porque no hay nada más bonito que hablar de lo que hace arder nuestro corazón y nos motiva cada mañana al despertar.
Finalmente, me despido con una frase que resume, a mi parecer, la historia de mi vida:
“Estaba perdida y Jesús me encontró, desde ese día vivo enamorada”.
¡Hasta la próxima!
¡Bendiciones!