El estero inspiró a Juan Vicente Torrealba, celebre autor de la música llanera, a escribir una hermosa poesía musical, el pasaje: "Esteros de Camaguán". Las palmeras sumergidas, las garzas volando sobre el espejo del agua, sus atardeceres, han sido la musa de los canta autores mas famosos de nuestro país. El charco, una bella laguna que se encuentra muy bien ubicada al frente de la catedral y la plaza principal, refleja la luz del sol en los atardeceres y en ciertas épocas se viste de una planta flotante de bellas flores moradas, llamada bora. Por esa grandiosa posición geográfica, los niños camaguaneros se escapan de sus casas y se entrenan allí, aprendiendo a nadar a muy temprana edad. Hay un potencial peligro para los pequeños porque en ciertas épocas del año, creo que en invierno, los caribes escapan del río y se alojan en el charco, muchas veces alguien resulta mordido por estos carnívoros animales, pero usualmente son los turistas, ellos salen ilesos.
Cuando cumplí los seis años, nos mudamos a Calabozo, allí viví una etapa muy importante de mi vida, estudié la primaria y la secundaria, contraje matrimonio y tuve mi único hijo. Actualmente vivo en Maracay, donde completé mi formación como docente en el Instituto Universitario Pedagógico Experimental Libertador (IUPEL). Trabajé por muchos años en la educación de niños y jóvenes de ambos niveles. Difícil pero hermosa tarea que es recompensada con el cariño y el respeto de los muchachos a través de los años. Es emocionante sentir que te llaman profe aunque no reconozcas la persona que te habla. Fue en esta ciudad donde nació mi nieta, , quien junto a mi hijo
, constituyen MIS GRANDES AMORES.
Hoy día ya no doy clases, pero tengo otras cosas que me complementan y estimulan: la computadora y el celular, imprescindibles, su falta me hace sentir en la época de las cavernas. Música no estridente, lectura que edifique e instruya. Mi afición a la lectura era insaciable, leía hasta altas horas de la noche, novelas, grandes obras de la literatura, biografías de personajes históricos, etc. Recuerdo que ayudaba a mi mamá a freír las tajadas (lonjas de plátano) con un libro en la mano; por supuesto se me quemaban y tenía que aguantar mi castigo. Pintar siempre me gustó, de pequeña rayaba sobre cualquier trozo de papel utilizando un simple lápiz Móngol (la única herramienta accesible para hacerlo). Los modelos eras los personajes de los periódicos y suplementos o cualquiera de mis hermanos, papá y mamá. Cuando me mude a un apartamento y contemplé las paredes desnudas, me asaltó la idea de pintar mis propios cuadros. Dicho y hecho, decidí incursionar con el óleo por el placer de plasmar en el lienzo lo que otrora hacía sobre el papel; por casi dos años dedique mi esfuerzo y entusiasmo a esta tarea, pinté frutas, casonas, hasta el torso de una india de la Gran Sabana.
Mi pasatiempo favorito
Mi experiencia más inolvidable