He escuchado, pero sobretodo, he suscrito la premisa de que no existe una segunda oportunidad para una primera impresión, sin embargo y sin ánimo de ser indulgente e indiscriminadamente permisivo con la norma en cuestión, creo que este es una ocasión particular.
Y es que cuándo apenas intentaba comprender algunas de las teorías de conspiración en torno a las comunidades binarias; cuándo empezaba a esclarecer algunos misterios en torno a las relaciones humanas basadas en ceros y unos; cuándo hasta empezaba a aceptar el hecho de que ciertos niveles morbosos de la inflamación de mi ego son directamente proporcionales a la cantidad de "likes" que tienen mis publicaciones en ciertas redes que no mencionaré para no redundar; cuándo medio logré sistematizar una definición concreta del "meme" y un concepto algo diáfano de la criptomoneda, entonces aparece Steemit, ofreciéndome una nueva ciudadanía, una moneda y hasta trabajo.
Todo este conjunto de disertaciones internas, mezcladas con mis propias confusiones existenciales y mis necesidades más o menos detectadas (detectables) han sido la razón por la cual me permito presentarme por segunda vez en esta comunidad, asumiendo así la torpeza con que lo hice la vez anterior, haciendo pruebas pueriles cuyos detalles tampoco mencionaré para no develar más mis negligencias con el 2.0 y, sobretodo, porque son públicas y notorias, igual que mi monedero y otras aristas de mi vida que empezarán a quedar expuestas en las próximas semanas.
Soy músico. Al menos eso digo que soy. Antes de eso, decía que era jugador de beisbol, deporte que abandoné a los 12 años, luego de que mi viejo accediera a inscribirme en unas lecciones de guitarra. En esencia creo que soy humano, nacido y crecido en el trópico, con infancia libre de pueblo del interior y con juventud arrojada y vertiginosa en la capital venezolana. Soy humano con abierta vocación de movimiento (no en vano, algunas evoluciones y algunas involuciones puedo contar) y sumido en un idilio interminable con la música, mi oficio, mi lugar más seguro y el objeto de mis causas más loables.
Actualmente (y desde hace algunos años), escribo canciones. Las escribo y también las canto, pero si cantar no fuera una virtud que esté de mi lado según la voluntad popular que siempre se manifiesta indeclinable a través del sistema estalinista de la aclamación, entonces diría que las defiendo. Me gusta mucho decir que defiendo las canciones, no sólo las mías por amor propio y algún criterio que me hace ponderarlas, sino las canciones que me gustan, las que no escribí pero he hecho mías porque me cuentan o porque me cantan. Soy freelancer por internet (otra arista de la nueva era que apenas empiezo a entender), hago música para pagar cuentas, pero sobretodo para mantenerme latiendo y respirando.
Por algún designio del HTML o por algún alma bondadosa, me enteré de Steemit, a quien de momento atino a definir como una comunidad que genera dinero por comunicarse. Eso que muchos aquí llaman: Futuro.
Ya habrán notado la intensidad con que mi psique se expresa, más aún bajo la noble, placentera y siempre bienvenida influencia del cannabis en mis neuronas. Situación en la que me encuentro desde poco antes de empezar a escribir estas líneas. El punto es que, lejos de volcar todas mis sañas, intensidades, escepticismos y contradicciones hacia Steemit, más bien decido hacerme parte y permitirme afrontar esta nueva máscara y jugar a usarla bajo este nuevo cúmulo de circunstancias.
En fin, mi plan es andar por aquí con frecuencia, hablando de música, mostrando música (la que hago y deshago y la que escucho y admiro), cantar y contar, usando las palabras, la voz o ambas a la vez y compartiendo los avatares de la vida, con sus dudas, sus deudas, sus pasiones y sus pulsares desde esta perspectiva y desde estas coordenadas. Esperando, que algo de bien hagan estos menesteres a mis nuevos conciudadanos: los steemians.
Les saludo, les abrazo y nos seguimos encontrando.