Mi nombre es Juan Carlos Liscano, licenciado en comunicación social y community manager, tengo 28 años y soy venezolano, vivo en un país golpeado por muchos factores, gracias a personajes sin escrúpulos que se han llevado toda su riqueza, abusando del populismo y su demagogia que envuelve cerebros vacíos, ¡Te invito a leer esta gran aventura! ¡Acompáñame!
Calles vacías, transporte deficiente, escases de comida y medicinas; inflación agobiante, delincuencia galopante y una gran cúpula de corrupción que se ha expandido en todas direcciones, son cosas que podemos ver cada día al recorrer las diferentes ciudades de la nación. Todo esto ha desencadenado una migración que ha alcanzado niveles preocupantes en nuestro continente, personas huyendo de una crisis que tiene sumido a la mayoría de los ciudadanos.
Como venezolanos tenemos el corazón en pedazos, vivimos en un país que desconocemos, cada día despedimos a familiares en los terminales y aeropuertos, sin saber, si algún día volveremos a verlos. La felicidad para nosotros se limita a una videollamada, para poder conversar con los que ya se han ido y disfrutar de momentos especiales como cumpleaños o fin de año con ellos, por medios de la facilidad que ofrecen las redes sociales.
Conozco casos de personas que han muerto por no tener para comprar medicinas o por no conseguirlas, he visto también como familiares de las personas que mueren, no tienen como costear los gastos fúnebres, para darles el último adiós a sus seres queridos. Toda la debacle económica a la que nos ha llevado este gobierno socialista, la seguimos pagando todos los que aquí continuamos batallando.
He tenido la oportunidad de participar en jornadas de ayuda a personas en situación de calle, regalarles ropa y alimento, pero mejor aún, me he sentado a conversar con ellos, sobre todo, escuchar sus historias y lo más difícil fue oír “Yo como lo que consiga en la basura y duermo donde me agarre la noche, todo es muy duro en este país”, sin duda, esas palabras hacen tambalear las columnas del sentimiento.
En la comunidad que vivo solo se ven casas solas, abandonadas por personas que decidieron cruzar la frontera para mejorar su calidad de vida y poder mandar remesas para sostener la alimentación de sus parientes, esta es una zona que duerme muy temprano y solo se escuchan radios en los porches de las fachadas, con éxitos musicales de nuestros mejores años, como dándonos ánimos de que esto algún día cambiará.
Hace mes y medio, mi novia se fue a otro país, siendo un proceso súper difícil de asimilar, teniendo ahora que limitarnos a las comunicaciones por whatsapp, con el objetivo de algún día no muy lejano, encontrarnos y ayudar económicamente a los que todavía sigan aquí.
Sueño con poder salir y demostrar mi talento al escribir, conocer diferentes culturas, admirar distintos paisajes y volver a los brazos de mi amor. Pero sobre todo sueño con volver a mi país, ya sin desgracias, sin tanta hambre, sin tan miseria, con niños que crezcan soñando, con jóvenes que no se vean obligados a migrar, con los abuelos felices viendo crecer a sus nietos, mi sueño ¡Una nueva Venezuela!