El Tolima se ha caracterizado por ser una zona en la cual se ha desarrollado el conflicto armado en Colombia, diferentes actores armados han hecho presencia en el territorio con distintos fines: ya sea para llevar a cabo procesos de control territorial o como corredor estratégico tanto de guerrillas, como de paramilitares y ejército.
Ibagué, ubicada en el centro del departamento, no ha sido ajena a las lógicas de la violencia política y por el contrario, también ha sido parte del teatro de operaciones del conflicto expresado en la acción armada, lo anterior se ha presentado en mayor medida en la zona rural del municipio.
Sin embargo, a partir de los acuerdos a los cuales llegó el Gobierno Nacional con la guerrilla de las FARC-EP en el año 2016, es importante resaltar que la violencia política ha disminuido tanto en el departamento como en el municipio, lo anterior se desarrolla dentro del marco de la implementación de dichos acuerdos, los cuales traen consigo el concepto de paz territorial.
Dicho concepto no debe limitarse a las zonas en las cuales se reagruparon los antiguos guerrilleros (Zonas Veredales Transitorias de Normalización, ahora Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación, teniendo el Tolima una en Icononzo y otra en Planadas), sino que debe ser un concepto que implique la interacción de la región en su contexto. Un intento de esto en la organización de los PDETs, (Programa De Desarrollo con enfoque territorial) pero aun así, la interacción del departamento como tal debe implicar un mejoramiento en las condiciones de vida de sus habitantes, así como de su seguridad y su cotidianidad.
Si bien la implementación de los acuerdos de paz va a paso lento, va andando y ha traído consigo aportes tanto para el departamento como para el municipio, prueba de lo anterior, es la actual publicación.
Así pues, se hace importante destacar que en la época del posacuerdo con las FARC-EP, hay un ambiente de mayor seguridad para el turismo tanto nacional como internacional y, es aquí donde el municipio de Ibagué debe aunar esfuerzos para promocionar actividades como el avistamiento de aves, el cual ha venido en aumento en Colombia desde el año 2016.
Ibagué cuenta con una posibilidad de avistamiento de más de 400 especies de aves sobre las aproximadas 1900 de Colombia, casi una cuarta parte del total nacional, lo anterior, convierte a la capital musical como un atractivo más que interesante no solo para los expertos en avistamiento, sino también para los curiosos y aficionados.
Cabe resaltar que sitios como el Cañón del Combeima, el Orquidiario, el Jardín Botánico San Jorge y la vía a Alvarado, han sido zonas en las cuales se han desarrollado actividades de avistamiento de aves, sin embargo, lo que se busca es ampliar el campo de acción y desarrollar esta actividad en sitios como San Bernardo, Cuello-Cocora, Toche, Tochecito, entre otros... generando una apropiación total del territorio en cuanto al avistamiento de aves se refiere y todo lo que ello trae consigo.
Lo que se busca no es que sea una actividad restrictiva sino, por el contrario, generar una articulación basada en tres ejes fundamentales, a saber: aviturismo, conservación y educación:
Aviturismo: entendida como la actividad en torno al avistamiento de aves y las que de allí se derivan, por lo cual hay que tener en cuenta elementos como rutas, transporte, hospedaje, alimentación inclusive el acceso a equipos en caso de requerirse.
Conservación: propender por el mantenimiento de los espacios en condiciones óptimas para lograr su promoción y continuidad en las actividades.
Educación: interlocución con las universidades de la región y a nivel nacional para llevar a cabo investigaciones que nutran la generación de conocimiento. Además, relacionamiento con los colegios para llevar a cabo procesos de educación ambiental.
Los ejes anteriormente expuestos, deben ir a favor del desarrollo de las comunidades que en algunos casos, han sido víctimas del conflicto armado. Además el aviturismo traerá consigo demandas específicas que generarán empleo en la región.
Se hace necesario entonces articular los tres ejes para que atienda dichas necesidades pero también, para que se mantenga un ambiente político estable que permita llevar a cabo el desarrollo de las actividades que del aviturismo se desprenden.
Dicho esto, la formación jugará un rol fundamental, en cuanto a la capacitación de personal de las comunidades como guías, pero además, en proyectos productivos que se desarrollen en la zona de influencia, asegurando así una relación estable entre calidad y precio.
Por último, se plantea que el aviturismo como actividad por sí sola solo beneficia a quienes la realizan de forma individual. Por lo cual, la articulación con la comunidad, con la academia, con sectores productivos, con los entes territoriales y con organizaciones nacionales e internacionales, hace posible un ambiente de estabilidad en torno a esta actividad, que genera desarrollo local y regional, pero además, que al mejorar las condiciones de vida de las comunidades, genera un ambiente de estabilidad política que permite que la construcción de paz se geste desde y en los territorios.