Ciudadanos del mundo. Vivir sin fronteras. Utópico, no?
Doy inicio a esta experiencia en el "SteemWorld" usando el teclado para retratar un trozo de mi propia vida. Siento que al escribir voy drenando, es algo así como flotar en una playa y dejarse ir por momentos, como peso muerto, hundirse o fundirse, quizás...
Mi historia tiene un capítulo que inicia con una confesión: Fui un autómata atado a una silla frente a un monitor, uniformado como empleado público crecí amaestrado bajo la burbuja de la conformidad, esperando mi golosina en forma de quincena, que alcanzaba para mantenerme y hasta invertir en banales deseos. Un período obscuro para el alma en donde tomaba la débil decisión de someterme a la zona de confort. Soy producto de lo que es ahora Venezuela. Un país de inimaginables paisajes que me dio la oportunidad de crecer en el peor de los ámbitos. Por años fui otro ser aplacado, sumiso, y que vivía entre corbatas, sacos y mocasines. Cumplía un horario, nada flexible, como inflexibles eran las propuestas sensibles, lúdicas o que llenaran algo más que el bolsillo; sin embargo, constante era la voz interna que llamaba a buscar desarrollar lo que sea que llevamos por dentro y que está más allá de lo que perciben nuestros sentidos; llaménlo alma, psique, ser o simplemente energía. Esa chispa divina, que nos hace entender que somos energía que no tiene inicio, que no termina y que simplemente, se transforma. Seres en constante evolución, aprendiendo, cambiando...aprender es cambiar.
Así es como un día, temprano sin prisa, pero con pie de plomo; boté los ropajes ataduras y luego de 12 años de sentencia autoimpuesta, cerré la puerta a ese dormitorio monótono, aburrido con leyes, códigos, metodologías y me abrí a un laberinto de opciones. En esa sucesión de hechos muchos me advertían: "piénsalo bien" otros con firmeza expresaban: "sigue tu corazón"; al final la decisión es inequívocamente personal, como todo en este plano que transitamos y que llamamos: vida. Porque la vida, es un juego...are you ready? GO!
Nací en Mérida, Venezuela. Mágica ciudad andina que dejé atrás por esa diáspora que aumenta diariamente y que nos obliga a convertirnos en lo que en realidad somos: ciudadanos del mundo. Y entonces, acá estoy nuevamente detrás de un monitor, conectándome con gente de todas las razas, creencias e ideales; para abrir una nueva puerta en nuestra casa llamada: TIERRA.