La felicidad no depende de lo que sucede afuera, sino de cómo nos sentimos adentro. Dejemos de quejarnos y lamentarnos por lo que todavía no ha llegado a nuestra vida y fijemos nuestra atención en todo lo bueno, especial y maravilloso que ocurre en ella. Eliminemos todo pensamiento de tristeza, enfermedad o pesimismo; sonríe y refleja en tu rostro el estado de ánimo que deseas mantener.