Tengo muchos años, miles, cientos, aunque aparente sólo veintidós. Mi alma ha visto más de lo que mi cuerpo ha experimentado. Sí, soy mitológica.
La mitología es una de las cosas que más amo, me encanta leer los miles de relatos que existen y que he investigado hasta el cansancio, convenciéndome de que algo de verdad tienen. Mi nombre terrenal es Rosa, y tengo 22 años humanos. Vivo en la tierra del Sol Amada: Maracaibo, un pedacito precioso y caliente de mi amada Venezuela. Soy más Caribe que mujer, porque ser mujer es, sencillamente, ser Caribe.
El mar corre por mis venas, desbocado, indomable. Mi piel es tostada como el trigo y mis huellas guardan historias increíbles, historias jamás contadas, algunas tal vez parezcan fábulas de cosas que en realidad sí sucedieron, pero que sin el misticismo no serían tan cautivadoras.
Amo con cada pedazo de mi ser, y me entrego sin medida cuando algo me importa, cuando sé que algo bueno puede suceder si lo hago. Aunque también puede que no, pero eso me hace aún más feliz porque me permití vivirlo, sin temor, sin ataduras, sólo vivir y amar lo que me rodea.
Creo que cuento pedacitos de mí de esta forma porque no sé cómo presentarme mejor. Soy esto. Destellos de todo y nada que brillan en la oscuridad, soy mi propia luz y la luz de otros, así como mi voz es la calma de varias tempestades.