Vida después de la muerte, cuando se parte a mundo presente de lo que no está aquí.
En ese punto queremos dar vuelta para volver a la vida, pero no podremos, porque no hay vuelta atrás. Vagaremos eternamente llorando con la soledad de aquel viejo campanario, recordando de cuando vivíamos, veremos a los vivos sin ser vistos, hablarles sin ser escuchados, solo seremos ignorados.
¿Quieres saber que hay después de la muerte? Nosotros, los muertos vivos te lo diremos... Hay soledad, almas en pena repletas de suplicas de perdón, risas macabras que retumban en tus memorias, que son aquellas las que no te dan, risas, no te dan alegrías y, sobre todo, no te darán paz.
Son estos momentos los que potencian a la razón, los que tratan de servir de mediadores entre el divagar constante de un ser que no pidió nacer, que trata de justificar su vida entre malas decisiones y tragos fermentados sin saber vivir, para a fin de cuentas, siendo naufrago en el océano de su propia ignorancia, no quiere morir ignorando el torpe andar de su sendero recorrido, se detiene y dando vuelta, mira y suspira buscando alguna excusa absurda, que de un matiz de algún color que propicie una sonrisa y así sirva de aliciente, secuaz y complaciente que le ayude a conciliar su último sueño, que le llevara a seguir el camino dejado por la parca, y según nuestras paganas creencias, poder descansar en paz.